Bots e inteligencia artificial: las claves para 'hablar' con animales

Oso pardo
Según el escritor y periodista Alexander Schera cada vez queda menos para que podamos hablar con los animales. Los bots y la inteligencia artificial jugarían un papel clave en este asunto.

¿A quién no le gustaría saber lo que su perro o su gato piensa? Sería genial poder comunicarse con él a través de un lenguaje natural, y recibir sus respuestas "traducidas" a un código que podamos entender. Hasta ahora todo esto ha sido una especie de dominio exclusivo de la ciencia ficción. Las series y películas de dibujos animados llevan años otorgando el don del habla a los animales, y por ahora parecía que eso se iba a quedar en la pequeña pantalla. Por ahora no se conoce ningún caso de un cocodrilo que sea capaz de construir frases coherentes y llevar una conversación, por poner un ejemplo exagerado.

Todo eso podría cambiar. ¿Cómo? Usando bots para comprender a los animales. Esa es la hipótesis que recogen en How We Get To Next, y que vamos a desgranar a continuación. Esto parte de la idea del Quantified Self, un movimiento que busca incorporar la tecnología en la adquisición de datos sobre el día a día de una persona cualquiera. Jugando con este movimiento se ha producido un hecho curioso: hemos empezado a plantearnos que los animales también pueden ser seres únicos con comportamientos complejos que no tienen por qué reflejar los de su grupo.

El "Internet animal" y la inteligencia artificial

El escritor y periodista Alexander Schera escribió un libro llamado Animal Internet: Nature and the Digital Revolution. El autor definía este "Internet animal" como una especie de Internet de las Cosas: se podrían colocar sensores en los animales para conocer su localización o sus costumbres migratorias, de la misma forma que en el IoT con un simple código se puede saber la localización de un paquete o en qué punto de su envío se encuentra. Esto es similar a los chips de las mascotas o los de rastreo de aves.

Una vez que tengamos los datos que estos sensores recogerían, se pueden interpretar a través de inteligencia artificial. De esta forma podríamos llegar a tener páginas de información sobre conversaciones que las bandadas de pájaros podrían mantener durante el vuelo, o también un registro en tiempo real de lo que hace nuestra mascota cuando no estamos en casa.

Supongamos que colocamos en un lobo un sensor cardíaco y otro de localización. Lo siguiente es colocar cámaras sensibles al movimiento en su hábitat. Todas ellas están conectadas entre sí y a Internet. A través de los datos que se recojan podríamos programar un bot para que los lea y diferenciarlos. De esta forma podríamos, siempre fijándonos en los valores captados, saber cuándo se ha producido un nuevo nacimiento en la manada o cuándo se ha sentido amenazada.

Según se recoge, descifrar los datos de forma correcta es fundamental. Gracias a la tecnología podemos analizar cantidades ingentes de información, pero si no hacemos las preguntas adecuadas podría ser totalmente inútil. Por ejemplo podemos saber que el lobo sujeto de nuestro estudio se ha separado de la manada, que se mueve a gran velocidad y que su corazón está funcionando a un ritmo muy alto. ¿Se ha separado para cazar? ¿Ha sido expulsado del grupo y tiene miedo? ¿Está buscando a un lobezno perdido? Y en caso de ser así, ¿no estaremos antropomorfizando demasiado dichos datos?

¿Cómo se puede conseguir una comunicación fluida con los animales?

Para Schera, hoy en día el ser humano no puede estar más alejado de la naturaleza. Según su libro, la civilización se ha convertido en un contrapunto de la misma, pero la tecnología está cambiando eso. Los bots nos pueden ayudar a dotarlos de una voz que podamos entender.

Con estos sensores se puede estudiar el comportamiento de individuos en manadasCon estos sensores se puede estudiar el comportamiento de individuos en manadas

Sin embargo, el primer paso para llegar a un punto de comunicación auténtico es descifrar lo que piensa el animal. Esa tarea es muy complicada, ya que no existe un contexto de comunicación entre especies. Por ahora podemos establecer puntos concretos de comportamiento de un único animal, no de un grupo de individuos.

Esto es especialmente importante, ya que según se recoge hasta ahora hemos mirado al mundo animal en términos de especie, nunca como seres individuales. La importancia que ha cobrado la individualidad del ser humano en los últimos años ha provocado un cambio en cómo observamos al resto de especies.

Ya se han conseguido resultados con delfines

Si bien todavía no se ha llegado al punto de lograr mantener un diálogo, ya se ha desarrollado un sistema para traducir los sonidos de los delfines. Este sistema lleva por nombre Cetacean Hearing and Telemetry, más conocido como CHAT. Este aparato forma parte de un trabajo conjunto entre la doctora Clara Mancini y el investigador especializado en inteligenica artificial Thad Starner. Se trata de un dispositivo subacuático que usa un algoritmo complejo que emite sonidos que se corresponden con objetos familiares para los delfines. Cuando los animales producen un sonido que se corresponde con los que el aparato tiene almacenados, los devuelve a unos auriculares que llevan los investigadores traducidos al inglés.

La idea que sostiene a CHAT es muy simple: los delfines son muy buenos imitadores, con lo que se pretende que a través de la máquina puedan "aprender" palabras. El proyecto forma parte del Wild Dolphin Project. Según reveló la doctora Mancini en su blog, en 2014 pudo escuchar la palabra "sargazo" a través de unos auriculares mientras estaba bajo la superficie marina.

En el campo de la comunicación con delfines también hay involucrados miembros del proyecto SETI y por miembros de la comunidad del Interspecies Internet, que aplica la teoría de la información para analizar la comunicación animal con vistas hacia futuros contactos extraterrestres.

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