Paisaje urbano

Últimamente la era de la inmediatez tecnológica está avanzando tanto que se ha llegado a incorporar a aspectos de la vida cotidiana que, en otros tiempos, no hubiésemos podido llegar a imaginar. Los ciudadanos ya no sólo interactúan con el mundo físico que los rodea, sino que también tienen una vida digital muy rica: abren sus blogs personales, interactúan en redes sociales compartiendo diversos tipos de contenido, colaboran en campañas online ya sea difundiendo información sobre las mismas o firmando para que se apoyen y etcétera. Ahora mismo algunos organismos públicos también alientan la participación de la gente a través de Internet, lo que ha creado un concepto que se conoce como “ciudadano digital”.

Podemos dar como definición de qué es un ciudadano digital a una persona que utiliza las tecnologías de la información para contribuir en su sociedad, el gobierno de su ciudad o de su país y en la política. Un ciudadano digital es una persona que usa Internet de forma activa y efectiva. Para que a una persona se la considere como tal debe tener habilidades y experiencia usando la red ya sea en ordenadores, teléfonos móviles y dispositivos pensados para interactuar con organizaciones públicas y privadas.

Podemos considerar como el inicio de la ciudadanía digital el momento en el que cualquier niño, adolescente o adulto se crea una cuenta propia de correo electrónico, comparte fotografías en la red, compra a través de Internet y participa activamente en política o en asuntos sociales.

Sin embargo, el proceso de convertirse en ciudadano digital va mucho más allá de la simple actividad en Internet. La ciudadanía digital puede darse junto con la promoción de la igualdad de oportunidad económica, así como en un aumento en la participación política y el deber cívico.

Diferencias entre la ciudadanía tradicional y la digital

Según apunta el autor José Manuel Robles Morales en su libro Ciudadanía digital: Una introducción a un nuevo concepto de ciudadano —que se puede consultar aquí—, existen diferencias fundamentales entre un ciudadano digital y un ciudadano tradicional.

Según expone este autor, la ciudadanía a partir de los años 90 del siglo XX siente una desafección hacia la sociedad y la política que han podido conducir a distintos países del Primer Mundo en la situación en la que se encuentran hoy. Por hace una comparación, esto refleja perfectamente la situación de la sociedad española con respecto a la clase política y a la situación en la que se encuentra la masa social en sí.

La ciudadanía digital, en cambio, decide implicarse en asuntos sociales y políticos tanto como puede con Internet como principal arma de difusión, crítica y construcción. Un ejemplo de esto serían las nuevas herramientas de participación que los nuevos partidos políticos españoles han puesto a disposición de sus militantes y simpatizantes —ya sean plataformas de participación o foros—, así como el uso que hacen de las redes sociales dichas personas.

Lo cierto es que, como tal, la ciudadanía digital está más asentada en algunos países que en otros. En Estonia, por ejemplo, se considera el acceso a Internet como un derecho humano básico y se permite que sus ciudadanos realicen sus trámites a través de la red, así como que voten de forma totalmente electrónica.

Las redes sociales son parte de la ciudadanía digitalLas redes sociales son parte de la ciudadanía digital

Los nueve elementos de la ciudadanía digital

Según podemos leer en Digital Citizenship existen nueve elementos que definen la ciudadanía digital:

  1. Acceso al mundo digital. Este es el requisito más fundamental para convertirse en un ciudadano digital. Debido a dificultades como el estatus socioeconómico o la localización algunos individuos pueden no tener acceso de forma regular. Las escuelas y las bibliotecas públicas pueden ayudar a paliar este problema.
  2. Comercio digital. Este concepto hace referencia a la capacidad de los usuarios para reconocer que una buena parte de la economía se regula online. También tiene que ver con la comprensión de los peligros y los beneficios de la compra en la red, usando tarjetas de crédito y demás.
  3. Comunicación digital. Este elemento trata con la comprensión de los distintos medios de comunicación online, que abarcan del correo electrónico a la mensajería instantánea.
  4. Alfabetización digital. Con esto se hace referencia al conocimiento sobre cómo usar distintos dispositivos digitales. Un ejemplo de esto sería aprender a usar correctamente un motor de búsqueda dependiendo del contexto —no se busca lo mismo en Google que en una base de datos—.
  5. Etiqueta digital. Hace referencia a saber cómo comportarse a la hora de utilizar la comunicación digital. Cada medio cuenta con sus propias normas.
  6. Leyes digitales. En este contexto se mueve la legislación aplicada a la descarga ilegal de contenidos, plagio, hacking, creación de virus, campañas de spam, robo de identidad, ciberacoso y etcétera.
  7. Derechos y responsabilidades digitales. Con este concepto se hace referencia a los derechos del ciudadano digital, como la privacidad o la libertad de expresión.
  8. Salud digital. Los ciudadanos digitales deben conocer el estrés físico que produce el uso de Internet, así como saber qué hacer para no crearse adicción al medio.
  9. Seguridad digital. El noveno elemento hace referencia a que los ciudadanos deben tomar las medidas de seguridad necesarias para poder moverse por la red con tranquilidad.
Cualquier usuario puede ser ciudadano digital si cumple con los nueve elementosCualquier usuario puede ser ciudadano digital si cumple con los nueve elementos

Ciudadanía digital en el Primer y el Tercer Mundo

En los países del Primer Mundo hay capacidad más que de sobras para enlazar a sus respectivos gobiernos a distintos sitios web. Estas webs pueden funcionar de diversas maneras: aclarar la legislación más reciente, tendencias educativas y objetivos futuros de las políticas que se aplicarán, prestar asistencia a candidatos políticos y permitiendo que los ciudadanos expresen su opinión política.

Ahora bien, mover ciertos aspectos de la vida política a Internet también tiene sus pegas. La falta de acceso a Internet en según que áreas puede reducir la participación ciudadana, ya que muchos procedimientos legales básicos se han movido a la red en algunos países y sólo se pueden cumplimentar vía Internet. Además, muchas entidades culturales y comerciales publican información sólo a través de la red.

Esto significa que los ciudadanos no digitales no podrán recibir esta información, lo que podría llevar a la exclusión social o al estancamiento económico. La llamada “brecha digital” es ahora mismo un tema sobre el que se debate acaloradamente y en algunos lugares afecta a una buena parte de la población. Sería el caso de América Latina, donde un 49% de la población se encuentra tecnológicamente aislado según se recoge en el diario mexicano El Financiero.

En los países del Tercer Mundo los ciudadanos digitales son muy escasos. El grupo se nutre de personas que usan la tecnología para superar obstáculos que incluyen dificultades en el desarrollo, corrupción e incluso conflictos militares. Algunos ejemplos serían los usuarios de Ushahidi durante las elecciones de Kenia en 2007, así como manifestantes de la Primavera Árabe que usaron las redes sociales para documentar la represión de las protestas.

e-Estonia, el mejor ejemplo de ciudadanía digital en el Primer Mundo

Ya hemos comentado antes que el gobierno estonio ha logrado integrar perfectamente la ciudadanía digital dentro de sus estructuras. Para ello ha utilizado un movimiento conocido como e-Estonia. A través de este movimiento han querido facilitar la interacción ciudadana con el Estado usando soluciones electrónicas, para lo que han utilizado diversas webs e incluso aplicaciones móviles.

Cuando el país báltico consiguió volver a ser una nación independiente en 1991, el Primer Ministro de por entonces, Mart Laar, ayudó a impulsar un proceso de modernización que estableció las bases para llevar a Estonia a la era digital. Entre otras cosas construyeron su propio sistema de telefonía digital, y en 1998 todas las escuelas contaban con acceso a Internet. El acceso a la red se convirtió en un derecho humano básico para los estonios en el año 2000, con lo que también se extendió a las áreas rurales.

En 2003 aparecería en la red Skype, el cliente de mensajería y videollamadas que ahora es propiedad de Microsoft, que millones de usuarios utilizan a diario y que fue escrito por desarrolladores estonios. Normalmente esto se cita como un ejemplo de una sociedad donde las empresas y los particulares han aprendido a hacer una utilización innovadora de las nuevas tecnologías.

Hay dos conceptos que requieren especial atención: la residencia electrónica y el voto electrónico. La residencia electrónica en Estonia se creó en 2014, dando la oportunidad a inversores extranjeros de abrir negocios en el país báltico desde cualquier parte del mundo —aunque no cuentan con los mismos derechos que un ciudadano de pleno derecho—. El voto electrónico ha supuesto una gran innovación, ya que ahora todos los ciudadanos pueden intervenir en el proceso democrático de Estonia desde sus casas.

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