Zork aventura conversacional

Internet tiene muchos elementos interesantes que lo convierten en algo único. Uno de dichos elementos son sus plataformas de creación de contenidos online, que los usuarios pueden utilizar para realizar desde tareas sencillas como publicar una reseña sobre un hotel, a asuntos mucho más complejos como abrir un blog y modificar su apariencia desde cero. La red nos ofrece todo un vasto rango de herramientas con la que poder hacer de ella un espacio más cercano a nosotros o, si se puede decir así, dejar nuestra huella con una pequeña contribución a su inmensa librería de contenidos. Internet es así, da mucho y sólo pide lo que te cobra tu ISP.

Que existan este tipo de herramientas no es sorprendente. Lo sorprendente es poder coger dichas herramientas y conseguir manipular la forma en que se comportan para obtener resultados inesperados. Que “todo sea hackeable“ da mucho juego, especialmente a los que se dedican a la creación de experiencias.

Este sería el caso de All Your Time-Tossed Selves, una miniaventura conversacional creada usando Google Forms, donde el usuario elegirá el curso de acción a seguir. Se trata de la nueva obra de Porpentine, desarrolladora a la que en medios como KillScreen han bautizado como “la matriarca de los videojuegos experimentales”. De hecho, algunas de sus otras obras como Cry$tal Warrior Ke$ha o Howling Dogs no se diferencian mucho de esta, ya que están fuertemente basadas en el texto y en contar una historia. Este nuevo juego no es diferente.

El juego te hace decidir cómo seguiráEl juego te hace decidir cómo seguirá

All Your Time-Tossed Selves, la resurrección de la aventura conversacional

La pregunta que encabeza esta parte del artículo no es casual. Para que nos entendamos, Porpentine escribe siempre sus guiones usando poesía imaginista. Esto dota a sus textos de un halo entre evocador, onírico y delirante que polariza mucho a quienes se enfrentan a él, pero que cumple con su misión perfectamente: no deja indiferente a nadie.

El hecho de que All Your Time-Tossed Selves esté presentado en Google Forms —y por lo tanto repartido en pequeños fragmentos de texto—, sumado con la poesía imaginista que parece que transcurre por sus propios derroteros, crea un cóctel confuso que invita a seguir adelante. Al menos, esa ha sido mi experiencia.

Por otra parte, se puede apreciar que la toma de decisiones es limitada y, en muchos casos, puramente estética. La trama del juego parece inexistente. En muchos casos he tenido la sensación de estar completando un poema colocando los versos en el orden que yo creía correcto en lugar de estar jugando a algo. Y todo es tremendamente confuso. Al final de All Your Time-Tossed Selves he tenido la sensación de que han jugado conmigo, ya que no he obtenido ninguna respuesta directa: sólo una lista de las opciones más usadas.

Respuestas de otros jugadoresRespuestas de otros jugadores

Quedándonos con el asunto de las opciones más elegidas, en cualquier otro juego serían datos que se podrían utilizar para corregir fallos de diseño. Aquí actúan más como una especie de medidor moral, algo así como una especie de análisis interactivo de la psique del jugador. Esto tampoco es nada nuevo, ya que en otros títulos como las últimas aventuras de Telltale Games al final de cada capítulo tenemos un resumen de lo que han hecho otros usuarios. No es que All Your Time-Tossed Selves tenga un sistema de karma como Dishonored o Infamous —sería demasiado para una aventura conversacional, aunque…—, pero sí nos da una idea de dónde estamos nosotros y de los derroteros por los que se mueve nuestro pensamiento.

No he conseguido saber de qué me hablaban, ninguna de las preguntas que All Your Time-Tossed Selves me ha planteado ha encontrado respuesta. Pero he vuelto a por más. Esta pequeña aventura conversacional tiene algo que no sé definir, pero que despierta la imaginación y la curiosidad a partes iguales. Supongo que para descubrir realmente la historia tras estos formularios tendré que seguir jugando.

Puedes jugar a All Your Time-Tossed Selves desde aquí.

Marcin Wichary editada con licencia CC 2.0

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