Google Glass, análisis: del futuro a la anécdota y el necesario pulido

Un primer plano de las Google Glass
Era uno de los productos más prometedores hace tres años, pero aquellas aspiraciones de futuro parecen haberse quedado en una mera ensoñación. Analizamos las Google Glass a las puertas de su tercer aniversario, vemos en qué han cambiado y cómo continúan

Todo dio comienzo un mes de febrero de hace tres años. Un rumor que más bien parecía filtración corrió como la pólvora por los medios especializados en tecnología afirmando que Google, el gigante buscador, estaba trabajando en un proyecto para desarrollar unas gafas de realidad aumentada conectadas a Internet; ahí era nada. Dos meses más tarde, en abril de ese año 2012, en el canal oficial de la compañía en YouTube un vídeo conceptual titulado Project Glass: One day... veía la luz. Esa pieza audiovisual y la página de Google+ sobre el proyecto que se referenciaba en ella, con una pequeña galería con fotos del primer prototipo, eran la primera constatación de que las Glass, las Google Glass, eran una realidad.

Tras aquella primera toma de contacto, las gafas inteligentes llamadas a ser el futuro llegaban a su puesta de largo ese mismo mes de junio en el Google I/O con una espectacular llegada al escenario de la keynote tras un salto en paracaídas, un descenso de edificio rápel mediante y un sinfín de acrobacias en bicicleta. Sencillamente impresionante.

Pero no fue hasta casi un año después, en abril del 2013, cuando los primeros prototipos salieron de los cuarteles generales de Google. Los afortunados fueron desarrolladores y personas especialmente interesadas en el producto que accedieron a las primeras unidades, en los días previos a la conferencia para desarrolladores de ese año, por un precio de 1.500 dólares estadounidenses. Los primeros explorers, así los bautizaron en Mountain View, estaban entre nosotros.

En octubre del mismo año llegaba el primer refresco de las Glass, el segundo y último prototipo hasta la fecha, que traía consigo diversas mejoras de hardware, la opción de incluir unos auriculares externos estéreo o uno mono a través del puerto micro USB y la posibilidad de montar sobre su marco una suerte de monturas tradicionales con cristales graduados o de sol, la Titanium Collection. Llevar las Glass dejaba de implicar llamar excesivamente la atención.

Tras esta última gran novedad, el proyecto de Google amplió el programa de primeros usuarios en Estados Unidos con la posibilidad de que estos invitasen a tres amigos a comprar el dispositivo. Durante un día de la pasada primavera las gafas pudieron ser compradas por todo aquel que quisiera unas en el país de la oportunidades y dando comienzo el verano, en junio, comenzaron a venderse en Reino Unido a explorers británicos. Poco más.

Las Google Glass descansando sobre una mochila

El parón en torno al dispositivo se agravó durante el Google I/O de este año, marcando un verdadero punto de inflexión, cuando las Google Glass fueron las grandes desaparecidas. Estuvieron presentes en eventos secundarios, pudieron verse por los pasillos, pero aquellos tiempos en los que eran las protagonistas del acto principal o, al menos, estaban siempre en la cabeza de los responsables de Google, quedaron atrás.

Por si esta situación no fuese suficiente, en las semanas siguientes desarrollos importantes como el de la aplicación de Twitter para el dispositivo se suspendieron, la expectación en torno a las Glass continuó diluyéndose y uno de sus padres, Babak Parviz, también director de los laboratorios de investigación y desarrollo de la californiana, conocidos como Google X, decía adiós a la compañía.

Gran parte de los desarrollos para Glass se han abandonado desde su lanzamiento

Una muerte prematura parecía acercarse, el abandono del proyecto estaba claro para muchos, pero este mismo mes de diciembre dos noticias han renovado los ánimos. Por un lado, y según The Wall Street Journal, Intel sería la responsable de crear el hardware para las próximas evoluciones del dispositivo, con lo que habría nuevas, y por otro, Google registraba una patente sobre las Glass para sustituir contraseñas mediante datos biométricos, lo que revela que continuarían trabajando en ellas, por lo que no estaban tan muertas como podría parecer.

¿Cómo son las Google Glass?

Tanto si vamos andando por la calle y por una de aquellas nos encontramos con alguien que las lleve puestas, como si le llegan amablemente a uno para hacer una reseña, como es el caso, lo primero que llama la atención de las gafas es obviamente su apariencia, sin más. Las patillas, la ausencia de cristales, el prisma que hace de pantalla, la batería tras la oreja... ¿Qué llama la atención? Todo.

El diseño de las Google Glass es simple, limpio, elegante, sofisticado y de gran factura, podría definirse como cercano y distante a la vez, familiar al mismo tiempo que ajeno, contemporáneo pero futuro. Una apariencia dual que se explica con ese avance a los tiempos que supone el dispositivo sin resultar fuera de lugar, sin desentonar, sin ser uno de esos objetos imaginados en las futuristas películas de los 80.

La parte delantera de las Google Glass en detalle

En la construcción de las gafas se han empleado básicamente dos materiales: titanio y plástico. El titanio se emplea en el marco, la estructura básica de las Glass, una fina tira metálica flexible para permitir el ajuste a todo tipo de cabezas que aumenta de grosor en los bordes y disminuye en el puente donde, como en unas gafas tradicionales, se sitúan las pinzas y almohadillas que descansan sobre la nariz. El plástico es el otro gran protagonista del dispositivo, el material que en blanco, gris, naranja, negro o azul forra la tira metálica por su parte interior y el que compone los dos únicos módulos que forman las Glass y que se localizan en el costado derecho.

El más importante de ambos se sitúa por delante de la oreja, aproximadamente sobre la sien, y es el módulo que alberga el corazón del invento: el procesador, el touchpad que recorre toda la pieza por la parte exterior, el puerto micro USB para cargarlo y conectarlo a un ordenador, el botón de encendido y apagado, la luz LED que indica si se encuentra en funcionamiento, el micrófono, la cámara y finalmente el proyector y el prisma que hacen realidad la pantalla. Y precisamente la única pieza móvil de todas las Glass es la que componen estos cuatro últimos elementos. ¿La razón? Poder ajustar perfectamente la visión de la imagen a la posición de nuestros ojos.

El segundo de los módulos, situado tras la oreja aunque llega a extenderse por el interior de la estructura hasta la parte superior del módulo anterior, es el que alberga la batería de las gafas, el sistema de inducción ósea que a través de vibraciones es capaz de transmitir el sonido y, ya en la parte que queda sobre la sien, el botón que mediante dos tipos de pulsación permite tomar una fotografía o grabar un vídeo.

¿Y que esconden más concretamente ambas piezas por dentro? Esto:

Especificaciones técnicas Google Glass
Sistema operativo Android 4.4 KitKat
Procesador Texas Instruments OMAP 4430 SoC 1.2Ghz Dual (ARMv7)
Pantalla Himax HX7309 LCoS, estimada en 640x360, equivalente a una HD de 25 pulgadas a 2,43 metros de distancia
Cámara 5 megapíxeles con vídeo a 720p
Almacenamiento 12 GB de memoria disponible de una unidad con 16 GB totales
Memoria RAM 2 GB (1 GB en la primera versión)
Conectividad Wi-Fi 802.11 b/g y Bluetooth
Batería Estimada en 570 mAh, aunque no declarada
Sensores Giroscopio, acelerómetro, compás, sensor de luz ambiental y de proximidad
Puerto Micro USB
Peso 45 gramos

Pese a lo dicho, el diseño de Google tiene sombras y la más obvia es quizás la primera que salta a la vista cuando nos las quitamos y queremos guardarlas: no es posible plegarlas de ningún modo, ni siquiera como podríamos hacerlo con unas gafas tradicionales. ¿Dónde las llevamos si nos las quitamos de la cabeza y no portamos con nosotros ni un bolso ni una mochila donde meterlas? La pregunta queda sin respuesta.

Pero a esta pega más o menos salvable podemos sumarle otra, relacionada, que al menos en las Glass tal y como las conocemos actualmente lo es menos: la fragilidad. Y es que si la flexibilidad de su marco es la virtud que logra facilitar el ajuste en cualquier cabeza, esta cualidad junto a la pantalla refractiva son dos de los puntos más sensibles del dispositivo, que nos obligan a tener con él un cuidado especial tanto al usarlo como al transportarlo o almacenarlo.

Parte derecha y puente de las Google Glass en detalle

Como ejemplo, las gafas que probamos con apenas unos meses de uso presentaban diversas grietas en el plástico interior que recubre el titanio. Los daños podrían deberse quizás a una excesiva flexibilidad de la estructura, el uso de un plástico con poco aguante o directamente de un material de poca calidad, pero el caso es que estaban ahí. Por último, y antes de terminar el repaso al diseño y especificaciones de las Google Glass, cabría destacar la disposición de todos sus elementos en el lado derecho del dispositivo, un reparto poco equitativo del peso que puede ocasionar molestias como vamos a poder comprobar en el siguiente apartado.

En cualquier caso, cabe recordar que estamos ante un dispositivo que no es más que un prototipo. De este diseño al que finalmente tengan las Google Glass todo, completamente todo, podría cambiar.

¿Cómo se sienten?

Olvidémonos del primer vídeo conceptual sobre el dispositivo que colocaba la información en el centro de nuestra visión, dejemos atrás incluso los vídeos que desde la presentación los chicos de Google han ido publicando. Pese a que llegan a aproximarse a la experiencia e incluso recrean ligeramente los enfoques del ojo, las Google Glass no se sienten de ese modo, no las podemos utilizar exactamente así. La razón es sencilla, pura física: la pantalla que vemos por encima del ojo, hacia la derecha, se sitúa en un plano y la realidad del mundo que nos envuelve en otro; o nos estamos fijando en nuestras gafas o en lo que nos rodea, no hay muchas más vuelta de hoja.

Y sí, la mayoría no vamos a tener problemas al acostumbrar nuestro ojo a enfocar en la pantalla y enfocar al fondo rápidamente, en segundos, pero pensar que las Google Glass añaden una capa de realidad a nuestra visión es más una idealización del producto que una experiencia real y tangible. No obstante, a pesar de este detalle que no deja de ser importante y obvio, hay que decirlo, realizar tareas cotidianas con ellas puestas una vez acostumbrados a la pantalla resulta cómodo en la mayoría de situaciones con la excepción de aquella donde sea necesaria una mayor atención, como la conducción por ejemplo o la consulta de un mapa, donde los reenfoques nos pueden costar más o incluso resultar casi imposibles.

Como dato final, en cuanto a la experiencia de llevarlas puestas, debemos prestarle atención a un hecho al que aludíamos unas líneas más atrás: las diferentes partes que albergan los componentes de las gafas se encuentran situados en la parte derecha de las mismas y esto, pese a su liviano peso, puede causar molestias.

Las Google Glass siendo llevadas
Si llevas unas Glass es imposible pasar desapercibido

Tras poco más de una hora con ellas puestas la oreja de ese costado empieza a resentirse, sobre todo en aquellos no acostumbrados a llevar gafas, y las ganas de zafarse de ellas aunque solamente sea durante un instante aumentan. Quizás la colocación de la batería y el sistema de audio en la parte trasera izquierda hubiese equilibrado el conjunto y mejorado la comodidad de las mismas; es una idea.

Y andar por la calle, ¿cómo es andar por la calle con ellas? Sencillamente ser el centro de atención. Da igual que camines por un pequeño pueblo que por el centro de una gran ciudad, todas y cada unas de las personas que se cruzan con el portador de unas Glass lanza, como mínimo, un mirada de reojo. "¿Qué es eso?", "Parecen las gafas de Google..." o "WTF?!", son comentarios que escucharemos, y es que pese a lo que decíamos al principio de su diseño más o menos cercano, el dispositivo llama la atención y despierta la curiosidad de todo aquel que lo advierte.

Pero, ¿qué hacen las Google Glass y cómo funcionan?

No, no nos olvidamos, esto es un análisis y aquí hemos venido a probar las Google Glass, y aunque ponerse sobre antecedentes, conocer cómo son por dentro y por fuera y saber de qué manera se sienten no deje de ser interesante y forme parte del mismo, lo que más nos importa es saber qué es capaz de hacer un dispositivo que desde sus inicios se ha erigido como el futuro en el presente, el mañana hoy, saber cómo funciona el invento que Google no quiere que nos quitemos de la cabeza pese a que desde su lanzamiento apenas ha cambiado.

Configurarlas empieza por descargar en nuestro teléfono móvil o tableta la aplicación MyGlass, tanto disponible para Android como para iOS. Tras introducir en ella nuestra cuenta de Google, toca emparejar mediante Bluetooth la aplicación con las Glass y empezar con los ajustes más básicos que pasan, antes que nada, por darle acceso a la red mediante la configuración de una red wifi en las propias gafas o a través de la conexión con el dispositivo móvil y la opción de este de compartir Internet a través del plan de datos que tengamos contratado. En cinco minutos, las gafas quedan completamente operativas.

Detalle de la pantalla, cámara y puente de las Google Glass

Así pues, llega el momento de colocarnos las Google Glass y comenzar a utilizarlas. Lo primero que nos encontraremos en la pantalla será un gran reloj de color blanco sobre fondo negro y un texto entrecomillado también de color blanco, debajo de él, que reza: "ok glass". Si acabamos de encender el dispositivo esto será lo que veremos, pero si han estado sin actividad un tiempo y han apagado su pantalla para ahorrar energía como cualquier móvil o tableta, simplemente deberemos dar un toquecito en el touchpad o inclinar ligeramente la cabeza hacia arriba —este gesto también hace scroll en vertical— para despertarlas.

"Ok Glass" despierta la escucha activa de las gafas

Pero volvamos al inicio, con la hora y las palabras mágicas entrecomilladas en pantalla, y pronunciémoslas: "Ok Glass". A nuestra orden, las gafas responden mostrándonos un listado de las acciones que podemos realizar, desde las que lleva a cabo el dispositivo por defecto como tomar una fotografía, grabar un vídeo, enviar un mensaje, hacer una llamada o señalarnos el camino al lugar que le indiquemos tanto visual como auditivamente, hasta las que aparecerán conforme instalemos aplicaciones de terceros, como hacer un check-in con Foursquare o reconocer una canción con musiXmatch.

Como es sabido por la mayoría, techies y hasta no techies, las gafas de la gran G se pueden controlar a través de la voz o a través de diversos gestos que realizamos en su panel táctil. Las órdenes mediante comandos vocales están claras y suelen aparecernos en la mayoría de los casos en la pantalla, para que no quepa duda de qué podemos hacer, mientras que los gestos son tan sencillos que con realizarlos una sola vez se aprenden: deslizar el dedo hacia atrás hace lo propio en pantalla, deslizarlo hacia delante más de lo mismo, dar un toque selecciona y arrastrar hacia abajo cancela o si nos encontramos en el inicio, deja las gafas en una suerte de stand by.

Menú principal de las Google Glass

Y pese a que la voz es la gran forma de interactuar con las Glass, incluso en situaciones difíciles con mucho ruido a nuestro alrededor, a veces es posible alternar los comandos con lo que funciona por la selección mediante gestos sobre el panel táctil y otras veces esta forma es la única de hacer determinadas cosas. Hablamos principalmente de la navegación entre las diferentes pantallas que podemos encontrar a ambos lados de la pantalla de inicio, pantallas que nos pueden mostrar el tiempo de nuestra ubicación actual, las rutas a direcciones que hemos buscado anteriormente, las pocas opciones de configuración que ofrece, fotografías realizadas, notificaciones de correos, conversaciones de Hangouts o pantallas de acceso a las diferentes aplicaciones que podemos instalar.

Porque aunque las gafas tengan cierto potencial ya de por sí con las opciones nativas, el verdadero potencial de las mismas viene y vendrá gracias en gran medida a las funcionalidades que terceros desarrolladores creen para ellas. Mencionábamos al principio la posibilidad de hacer check-in desde Foursquare o reconocer una canción con musiXmatch, pero podemos aprender idiomas con Duolingo, estar al tanto de la última hora de la actualidad informativa con CNN Breaking News, podemos traducir textos de un idioma a otro en tiempo real con solamente encuadrarlos en pantalla con Word Lens, seguir feeds leídos por las gafas con Winkfeed, monitorizar nuestras actividades deportivas con Strava o seguir recetas de cocina paso a paso con Allthecooks Recipes. Por supuesto, Google también tiene las suyas y Calendar o Google+ están presentes.

Pantallazos de la aplicación MyGlass con Glassware y una aplicación en detalle Pantallazos de MyGlass con las aplicaciones activas y la descripción de una

Todas estas aplicaciones y unas cuantas más las podemos encontrar en la galería Glassware, accesible desde la aplicación MyGlass, desde la que podemos instalarlas con solamente un clic, pero en repositorios existentes en la red de redes podemos encontrar un buen número más que, pese a no haber pasado todavía el filtro de Google para entrar en su sistema, sí podemos instalarlas en las Glass —bajo nuestra responsabilidad— activando el modo debug.

Y aunque en las aplicaciones encontremos el verdadero potencial completo y que a largo plazo pueden asegurar el futuro de las gafas de realidad aumentada de Google, lo primero que quiere hacer casi cualquier persona que se pone unas es tomar una foto o grabar un vídeo. Y lo cierto es que esto lo hace dignamente en la mayoría de situaciones.

"Ok Glass, take a photo". Pese a que una cámara de 5 megapíxeles podría parecer poca cosa, las fotografías resultantes tanto en buenas condiciones como a veces en no tan buenas son en general más que aceptables. De día, las fotos tienen por lo general un buen contraste, una buena luz, un buen balance de blancos y en general una buena calidad, aunque los colores pueden quedar algo apagados; por la noche obviamente la cosa cambia, y aunque no reacciona mal a la oscuridad, todo aparece más débil y que salga una foto buena es más cuestión de suerte. En cualquiera de los dos casos, eso sí, su autofocus parece que funciona a las mil maravillas casi siempre poniendo el foco donde toca con ese segundo que tarda en hacer la foto.

Foto desde las Google Glass de un desayunoFotografía en interior Foto desde las Google Glass de una calle por la nocheFotografía nocturna Foto desde las Google Glass del interior de un autobúsFotografía en semiinterior Foto desde las Google Glass de un ayuntamientoFotografía diurna con cielo nueblado Foto desde las Google Glass de una panorámica urbana nocturnaFotografía nocturna

"Ok Glass, record a video". Los resultados no son tan buenos en los vídeos, y es que tanto quietos como en movimiento, tanto con buena luz como con mala luz, el resultado deja bastante que desear pese a esas 720 líneas que ofrecen. En cualquier caso, las imágenes se resienten de un modo que no escandaliza si hemos grabado desde el principio de los móviles con cámara; esperamos que en próximas evoluciones la óptica mejore. Cabe mencionar que las Glass nos limitarán el tiempo de grabación a 10 segundos, pero este lo podremos ampliar con presionar el botón del borde superior tanto como espacio de almacenamiento nos quede disponible.

Fotos y vídeos pueden tomarse de una mejor manera encuadrando previamente con la opción "Show the viewfinder" y, por cierto, pueden subirse automáticamente al espacio de fotos de Google+ si estamos conectados a una red wifi y así lo hemos dejado configurado, una forma más cómoda que sacarse las gafas de la cabeza para conectarlas con el cable USB al ordenador.

¿Y el audio? ¿Cómo lo escuchamos? Como comentábamos repasando sus especificaciones, las Google Glass disponen de un sistema de conducción ósea que mediante vibraciones consigue transmitir el sonido a nuestro oído interno. Esta solución, destinada a mantener libre de cualquier auricular nuestras orejas, funciona bastante bien en ambientes calmados, pero en el instante en el que pisamos la calle, subimos a un autobús o entramos en un bar, situaciones de lo más cotidianas, simplemente se hace inaudible; funciones como la indicación de una dirección mediante voz gracias a sus mapas o la posibilidad de escuchar música a través de la aplicación del servicio Google Play Music dejan de tener sentido.

Detalle del sistema de conducción ósea para el audio de las Google Glass

Afortunadamente Google se dio cuenta del problema y la segunda versión de las Glass, como comentábamos al principio, permite emplear uno o dos auriculares creados especialmente para ellas que no nos dejan libre el oído externo pero al menos nos permite escuchar donde quiera que vayamos.

Y como comentábamos más arriba, las opciones que ofrece nativamente las gafas en estos momentos suponen de por sí un muy buen punto de partida. Mención merece lo práctico que resulta realizar llamadas, un "Make a call to..." más el nombre del contacto y estaremos llamando; la facilidad de enviar o contestar un SMS (o un Hangout) con el dictado que funciona muy bien, un "Send a message to..." bastará para empezar a redactar el mensaje; lo sencillo que es pedir que te enseñe el camino hasta un lugar con el "Get directions to..." y el sitio en cuestión; lo bien que viene poder buscar cualquier cosa en Google con un "Find..."; y el potencial que entraña su conexión con Google Now, que si útil es en el teléfono, utilísimo se torna en las gafas.

Si la teoría es que deben acompañarnos todo el día, unas escasas horas de batería son completamente insuficientes

Pero todas estas cosas que podemos hacer con las Google Glass tienen una limitación importante que no es otra que la vida de su batería, quizás su principal talón de Aquiles más allá de la propia utilidad que puedan tener o no las gafas o la idoneidad o no de su diseño. La capacidad de su fuente de energía, aunque no se ha declarado nunca de forma oficial, está cifrada en 570 mAh y aunque según Google da para un día, lo cierto es que esta estimación queda en el aire tratándose de una categoría de producto no vista hasta ahora.

¿Cuál es el uso habitual de unas gafas de realidad aumentada? ¿Llevarlas todo el día y consultarlas todo el día como haríamos con un móvil? ¿Tenerlas en el cajón o la mochila y sacarlas cuando vayamos a dar un paseo hasta la cafetería de la esquina? ¿Sacarlas solamente cuando pisemos la calle de casa al trabajo y del trabajo a casa? Quizás si hablamos de los últimos casos sí, la batería de las Google Glass puede durarnos todo un día, pero si hablamos del uso recurrente sustitutivo del móvil en la mayoría de situaciones que nos quieren vender los de Mountain View la duración se queda en horas, escasas horas que podrían alcanzar como máximo más o menos las 5. ¿Suficiente? Desde luego que no, con tres o cuatro fotos tomadas, un par de vídeos, pedirle un par de direcciones y consultar las notificaciones, buena parte de la energía la habremos consumido, así pues, una parada en boxes para cargarlas a través de su cable USB se hará obligatoria.

Conclusiones sobre las Google Glass

Cuando nos quitamos las Google Glass de la cabeza, las dejamos sobre la mesa, nos quedamos mirándolas y nos ponemos a pensar sobre ellas es inevitable tener sentimientos encontrados. Es probablemente un ensayo primario de lo que puede ser el futuro, es sin duda un campo que explorar, es un producto con gran potencial pero, sinceramente, falto de algo.

Vista general de las Google Glass

¿En un tiempo en el que ni algunos de los más aficionados a la tecnología le ven futuro a corto plazo a los relojes inteligentes tienen cabida unas gafas? ¿En una época en la que la gente se opera los ojos para no necesitar llevar nada frente a ellos vamos a conseguir que lleven casi a diario unas Glass? ¿Lo que ofrece es tanto como para superar la barrera de lo desconocido y la de su precio?

¿Nos imaginamos en un futuro con ellas en la cabeza? La respuesta es no

Mi opinión es que las Google Glass, como proyecto a desarrollar es fascinante y muy interesante, una idea de mayúsculo valor y tamañas posibilidades, quizás la nueva categoría de dispositivo con más futuro por delante, pero sencillamente es eso, algo que tiene mucho por caminar. En Mountain View tienen grandes cosas que aprender de los que las utilizan ahora como pioneros, mucho que aprender de las opiniones que la gente les brinde, mucho que aprender de qué es lo que las personas que las usan demandan y qué es lo que aborrecen.

Google tiene que escuchar y tomar nota, interiorizar y ejecutar, crear el producto redondo que los potenciales usuarios querrían para que las Glass no se queden en simple anécdota, en un costoso ejercicio de innovación conceptual, y sean verdaderamente el futuro. Quizás no lo sea de las masas, sinceramente así lo creo en este momento, pero sí podría serlo para algunos. El diamante en bruto puede que lo tengan ante ellos, pero requiere un grandísimo pulido. Si su implementación práctica nunca llega a ser buena, podemos darles el adiós definitivo a las Google Glass; el camino que siguen, por ahora, es el de la despedida. ¿Nos imaginamos con ellas en la cabeza? No.

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