Reproductor LaserDisc de Magnavox

Si algo ha tenido un hogar cualquiera desde los años 80 del siglo XX hasta el día de hoy ha sido un aparato de vídeo doméstico que complementaba a los televisores. En esta década convulsa, además de las hombreras, la Bola de Cristal, Tocata, los cardados imposibles y una era de explosión de la libertad —que hoy no sabemos a dónde ha ido a parar exactamente—, vivimos la llamada guerra de los formatos de vídeo. Sony producía sus Betamax para los ciudadanos de a pie mientras intentaba colar el Betacam en el mercado profesional, Philips tenía el Video 2000 y JVC se había destapado con el VHS, que acabaría por imponerse a los otros formatos.

Gracias a estos magnetoscopios domésticos se empezó a poder disfrutar de películas de cine desde el salón de cualquier casa y a grabar cualquier programa televisivo, que después podía disfrutarse en cualquier momento. Los años avanzaron, entramos en la década de los 90 del siglo XX y lo que nosotros pensábamos que era un nuevo formato apareció en el horizonte. Nos referimos al LaserDisc, el padre del DVD. No podíamos estar más equivocados. No era un formato tan reciente como desde los hogares se creía, ya que llevaba en activo desde finales de los años 70 en Estados Unidos.

Se trataba del primer disco óptico pensado para la reproducción de vídeo. El formato era capaz de ofrecer una mayor calidad de vídeo y audio que sus rivales —que aún usaban cinta—, pero no fue capaz de conseguir un uso muy extendido en Europa y Estados Unidos. Esto en parte se debió a lo que costaban los reproductores y los discos, así como también la incapacidad para grabar programación televisiva.

Donde el LaserDisc sí tuvo éxito fue en Japón y otras regiones del sudeste asiático como Hong Kong —donde se convirtió en el formato predilecto de quienes alquilaban películas—, Singapur y Malasia. Su calidad superior de sonido e imagen hizo que los videófilos y los cinéfilos lo apreciasen durante su vida útil.

Comparativa de tamaño entre un LD y un DVDComparativa de tamaño entre un LD y un DVD / Kevin586 editada con licencia CC BY-SA 3.0

Historia del LaserDisc

Los orígenes del LaserDisc se remontan a 1958, año en el que se inventó la tecnología de grabación de vídeo óptica usando un disco transparente. Los padres de la criatura fueron David Paul Gregg y James Russell, que patentarían su invento en 1961. MCA compraría dichas patentes en 1968. En 1969 Philips había desarrollado un disco de vídeo en modo reflectivo, que tenía ciertas ventajas sobre el disco transparente. MCA y Philips unieron sus fuerzas y crearon el disco de vídeo definitivo, que mostraron al público en 1972.

LaserDisc como tal no aparecería hasta 1978, veinte años después de sus primeros pasos. El primer lugar en el que estuvo disponible fue en Atlanta, concretamente el 15 de diciembre de aquel año. Faltaban dos años aún para que llegase el vídeo VHS y cuatro para que apareciese el CD, que también está basado en la tecnología de este formato. Originalmente se vendió como MCA DiscoVision.

Más adelante Pioneer Electronics compró la mayoría de las acciones del formato y empezó a venderlo como LaserDisc en 1980. Philips se encargaría de producir los reproductores, mientras que MCA haría lo propio con los discos. La colaboración entre estas dos marcas no tendría éxito y la producción conjunta se discontinuó en pocos años. Varios científicos responsables de la investigación original fundaron lo que hoy se conoce como ODC Nimbus.

Reproductor LD de PioneerReproductor LD de Pioneer / Hoikka1 editada con licencia CC BY-SA 3.0

La primera película para el LaserDisc que se vendió en Norteamérica fue Tiburón, lanzada en 1978, mientras que las últimas películas que aparecieron en el formato lo harían en Europa y América en el año 2000. En 2001 se lanzaron unos cuantos títulos más en Japón, y en 2009 finalmente Pioneer dejaría de fabricar reproductores y discos.

En cuanto a su representación en los hogares, se vendieron un total de 16,8 millones de reproductores a nivel mundial mientras duró la vida útil del sistema. En total sólo tenían un 2% de cuota de mercado en Estados Unidos y Europa, mientras que en Japón el porcentaje subía hasta el 10%. De esos 16,8 millones de unidades vendidas, 9,5 corresponden sólo a Pioneer.

En los primeros años de la primera década del siglo XXI el DVD había barrido al LaserDisc del mapa. El formato consiguió mantener cierta popularidad entre los coleccionistas, para después desaparecer prácticamente en el olvido.

Versión japonesa en LD de Mi Vecino TotoroVersión japonesa en LD de Mi Vecino Totoro / Toshiyuki IMAI editada con licencia CC BY-SA 2.0

Así era el LaserDisc

El tamaño estándar de un LaserDisc era similar al de un disco de vinilo, unos 30 centímetros de diámetro. La información se desplegaba por las dos caras del disco, con una base de plástico sobre la que se extendían capas de aluminio. Aunque su apariencia es similar a los CDs y a los DVDs, los LaserDisc usaban vídeo analógico en lugar de digital y sonido estéreo analógico FM junto con audio digital PCM.

En su nivel más básico las pistas se distribuyen de forma muy similar a los CDs y DVDs e incluso los Blu-ray que se pueden comprar hoy. Sin embargo, aunque la codificación del vídeo se realizaba de forma binaria la información se introducía con pulsos analógicos. De hecho, los primeros LaserDisc no eran digitales en absoluto.

Los reproductores merecen también una mención especial. Los primeros de ellos usaban tubos láser de helio-neón para leer los discos y tenían una luz anaranjada, mientras que los reproductores posteriores de estado sólido usaban diodos láser infrarrojos con una longitud de onda mayor. El primero de ellos apareció en 1984.

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Al igual que ocurría con las cintas de cassette y con los discos de vinilo, el LaserDisc requería que el usuario le diese la vuelta de forma manual. Algunos tenían la capacidad de reproducir las dos caras del disco de forma automática, pero esto no era muy común.

Pioneer llegó a producir algunos modelos multidisco que podían cargar más de 50 LaserDisc, mientras que con los años se vieron algunos híbridos curiosos como el Pioneer DVL-9, un reproductor que era capaz de combinar la reproducción de DVD con la de LD. Vale la pena señalar que muchos de los reproductores podían usarse también para escuchar CDs.

En sus campañas de publicidad se ensalzaban sus virtudes con respecto a la competencia, e incluso se llegó a reclutar a personajes famosos para los anuncios televisivos. Uno de ellos fue protagonizado por Leonard Nimoy y puede verse a continuación:

Algunos motivos para reivindicar el LaserDisc

Según un artículo publicado en Cooking Ideas, a pesar de que el LaserDisc llegó muy tarde a España y de que no cuenta con un culto nostálgico como el VHS, este formato fue muy innovador para su época. Es cierto que sólo fue realmente apreciado por los muy cinéfilos que querían disfrutar de la máxima calidad de imagen que se podía conseguir en la época, pero quienes tuvieron uno de ellos a día de hoy siguen reivindicando su uso.

No se puede obviar el hecho de que los formatos más baratos acabaron por eclipsarlo. Eso y que no se pudiese grabar nada —aunque Pioneer llegó a proyectar varios modelos grabadores— hizo que en España no cosechase apenas éxito, pero lo cierto es que esos enormes discos relucientes tienen algo. Es algo parecido a lo que ocurre con los discos de vinilo: tienen una especie de ritual. En este apartado queremos hacernos eco de algunos motivos que creemos que sirven para reivindicar este denostado formato.

Uno de ellos es las enormes fundas con portadas de gran tamaño, un atractivo que comparten con los discos de vinilo. Hoy en día los DVDs que sirven para reeditar películas antiguas nos ofrecen carátulas con un rediseño que en muchos casos no respeta las imágenes originales. Para los coleccionistas más especiales esto es un gran motivo a tener en cuenta.

Otro motivo a tener en cuenta es el enorme catálogo de títulos no reeditados, que en la lista del ya desaparecido LaserDisc Vault subía a unas 3.000 referencias. Hoy en día sólo se pueden encontrar como VHS o comprimidas en DivX, con lo que para disfrutarlos a su máxima calidad el LaserDisc es la mejor opción. Lo mismo ocurre co las películas que en su momento se editaron en formato Widescreen y que en sus reediciones en DVD no lo han visto respetado. Gracias al LaserDisc se pueden seguir viendo en su formato original.

Disco de los Beastie Boys en versión LDDisco de los Beastie Boys en versión LD / siamesepuppy editada con licencia CC 2.0

Los extras se inventaron para los LaserDisc, fue después cuando fueron añadidos a los DVDs. Existen también muchas ediciones extendidas de películas para LaserDisc que aún no han visto la luz en DVD.

Por otra parte, el LaserDisc es ideal para audiófilos. Los DVDs comprimen sus pistas de sonido, mientras que en este formato el audio no tiene compresión alguna. Si te gusta el sonido claro y cristalino esta es la elección lógica. Se hicieron un total de 2.500 lanzamientos relacionados con la música para LaserDisc y muchos de ellos no han sido reeditados en otros formatos.

Por último, vale la pena mencionar que algunos títulos clásicos de la historia de los videojuegos como Dragon's Lair funcionaban en las recreativas a partir de un LaserDisc, que reproducían el vídeo que el usuario manipulaba conforme a las decisiones que tomaba. Para quienes ya empezamos a peinar canas pensar en manejar una película de dibujos animados era algo que se escapaba a nuestra imaginación, hasta que lo tuvimos delante.

Como podéis comprobar, si no fuese por este formato no habríamos podido disfrutar de los CDs o los DVDs. Su tecnología para su época era totalmente revolucionaria, y la calidad de imagen y sonido que ofrecía con respecto al VHS y los otros formatos de vídeo doméstico era sencillamente incomparable. Yo mismo tuve uno de estos aparatos, así que puedo dar fe de ello. Es una lástima que su elevado precio y lo aparatoso de estos videodiscos le impidiesen tener una mayor presencia en los hogares de todo el mundo.

Marcin Wichary editada con licencia CC 2.0

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