Reloj de hombre portado por un conductor

Desde hace algunos años, el imparable avance de la tecnología y la llegada y proliferación de los relojes inteligentes ha puesto en peligro la hegemonía de los relojes más clásicos y sus marcas de lujo. Aunque parece complicado los nuevos smartwatches logren destronar del todo a marcas clásicas como Rolex, Omega, Tissot o Cartier, estos wearables de la mano de Apple Watch, Samsung Gear S2 o Pebble Time están comiéndole cada vez más terreno a los relojes de muñeca clásicos y por primera vez, en el año 2015, se vendieron más relojes inteligentes que los que no lo son.

Pero cuando hablamos de relojes que no son inteligentes, en contraposición al concepto de smartwatch, mucha gente piensa que usamos ese término porque carecen de una base tecnológica, pero no es así. Obviamente no presentan características técnicas que nos permiten acceder a la web, comunicarnos mediante mensajes o leer nuestros correos electrónicos en ellos, pero su funcionamiento sí que requiere de una tecnología avanzada que muchos usuarios desconocen. Y además se trata de una tecnología que no se volverá obsoleta en un par de años. Dentro de una década, nuestro Apple Watch 2 seguramente no tenga ninguna utilidad, pero la tecnología usada en las obras de joyería más clásicas seguirán plenamente vigentes.

Algunos ejemplos de avances tecnológicos usados en relojes clásicos

Por ejemplo, los relojes de pulsera más antiguos y clásicos requerían que les diésemos cuerda  todos los días para seguir funcionando y mantener la hora. Pero a día de hoy, esa acción de hacer girar la corona exterior de nuestro cronógrafo ya no es necesario porque hemos suplido esa necesidad gracias a pequeños ingenios de la tecnología.

Por un lado tenemos los relojes de cuerda automática que usan un pequeño artilugio con más de 200 años de historia, el resorte motor, para suministrar la energía necesaria al reloj mediante el simple movimiento de balanceo de su portador. Se trata básicamente de un muelle en forma de espiral que permite almacenar la energía cuando se enrolla y liberarla cuando se desenrolla, transmitiendo esta energía a través de un conjunto de engranajes. Si a esto le sumamos un rotor que se desequilibra con el movimiento y un trinquete para no perder la cuerda ya dada, podemos tener un reloj de cuerda automática funcionando a pleno rendimiento sin necesidad de ningún tipo de batería. Marcas como Longines, TAG Heuer, Seiko o Rolex siguen apostando por esta tecnología.

Reloj de pulsera sobre una caja de maderaReloj de pulsera sobre una caja de madera

El método anterior resulta muy preciso, pero no tanto como la tecnología de cuarzo empleada en otros relojes. En este caso es una pieza de cuarzo en forma de lámina introducida en un cilindro metálico para su protección la que genera los impulsos necesarios para medir el tiempo aunque, a diferencia de los relojes de cuerda automática, hace falta una pequeña pila para proporcionar la energía necesaria que hace vibrar el cristal de este mineral. Echando un vistazo a la web especializada en relojes Chrono24, podemos ver que algunas de las marcas más clásicas y lujosas como Cartier, Hublot, Tissot, Maurice Lacroix o Montblanc apuestan por el uso de cuarzo en sus modelos, disponibles en un amplio rango de precios.

Eso en cuanto a algo tan simple como mantener nuestro reloj funcionando y en hora. Si nos vamos a relojes más específicos para deportes o actividades de riesgo, como la vela, el buceo o el submarinismo encontramos tecnología todavía más avanzada como, por ejemplo, la que permite que nuestro cronógrafo pueda soportar determinadas presiones y profundidades, ya que está sellado contra la penetración de agua y certificado a prueba de fugas siguiendo las normas del estándar ISO 6425 de 1996. Esta norma obliga a someter estos relojes a las siguientes pruebas:

  • Fiabilidad subacuática: cualquier reloj indicado para submarinismo debe permanecer sumergido a una profundidad de 30cm durante 50 horas y seguir funcionando correctamente.
  • Test de condensación: se calienta el reloj a una temperatura de 45ºC y se deja caer sobre su esfera una gota de agua a 18ºC. Pasado un minuto, se limpia la gota y no debe haber signos de condensación.
  • Resistencia de coronas a fuerzas externas: se debe someter el reloj a una presión del 125% de la presión indicada por el fabricante (si se indica que es apto para usarse a 20 atmósferas de presión, la prueba se realiza a 25) y una fuerza externa de 5N en perpendicular a la corona durante 10 minutos sin que el reloj se resienta.
  • Impermeabilidad y resistencia al exceso de presión de agua: se sumerge el reloj dentro de un contenedor adecuado y se le somete a un 125% de la presión indicada por el fabricante durante 2 horas (si se indica que es apto para usarse a 20 atmósferas de presión, la prueba se realiza a 25). No debe mostrar indicios de intrusión de agua ni condensación
  • Resistencia a choques térmicos: se sumerge el reloj a una profundidad de 30 cm en agua a 40ºC, 5ºC y otra vez a 40ºC sin que pase más de un minuto entre cada inmersión. No debe mostrar indicios de intrusión de agua ni condensación.

Como veis, todo una prueba de fuego tecnológica para estos cronógrafos. Entre los modelos más conocidos y lujosos de relojes adecuados para el submarinismo que han sido sometidos a todas las pruebas de presión estática mencionadas anteriormente podemos encontrar el Rolex Submariner Date o el Omega Seamaster Planet Ocean, dos relojes no aptos para todos los bolsillos… aunque sean de pulsera.

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