Icono de WhatsApp Gold

La gente es mala. Todos lo sabemos. El género humano es interesado y codicioso. Por lo general no nos importa pisotearnos los unos a los otros para obtener un beneficio. ¿Te parece una visión muy negativa de las personas? ¿Es que a ti no se te pasa todo esto por la cabeza (y otras cosas peores que no se pueden escribir por ser horario de menores) cuando entra un virus en tu ordenador? Por instalarte esa chorradita de apariencia inofensiva te acabas de quedar con un disco duro que apenas sirve para pisapapeles. Qué chaval (o chavala) más majo el que desarrolló ese bichito, ¿eh? Bienvenido a mi club de pérdida de fe en la humanidad, tenemos galletas. 

Ahora bien, ¿y qué pasa con nuestros teléfonos móviles? El auge de estos dispositivos en la última década ha hecho que releguemos ligeramente el papel de nuestros sobremesas y portátiles y, por supuesto, los adorables capullos que desarrollan virus y malware no se iban a quedar atrás, subiéndose al carro del avance digital. Cualquier método es bueno para engañar al consumidor medio, y qué mejor que tentarle con algo que "solo los famosos utilizan". Ah, sea lo que sea, si lo usa un famoso, tiene que ser la pera limonera. Pero ya nos lo enseñó J.R.R. Tolkien (y, muy probablemente, tu madre también): no todo lo que reluce es oro. En este caso, en sentido literal: WhatsApp Gold ni brilla, ni es oro, ni lo tiene instalado en su móvil la reina de Inglaterra. 

La estafa del WhatsApp Gold

Una década atrás, con el despunte de Hotmail, empezaron a aflorar y a circular cadenas de emails cargaditas de presentaciones en PowerPoint horterísimas, chistacos malos, amenazas sobre cómo iban a hacer MSN de pago y falsas historias lacrimógenas para hacernos reflexionar sobre cómo estábamos desperdiciando nuestras vidas de la manera más triste posible. Mi generación no tardó mucho en dejar todas aquellas maravillas atrás (quizá porque ahora las volcamos en Facebook y Twitter), pero la de mis padres se saltó esa época y la está viviendo en estos días a través de WhatsApp. Por eso me echo a temblar cada vez que mi santa madre me reenvía algún mensaje del estilo: "¡WhatsApp cierra y pasará a ser de pago!". Tienes que entenderlo: tú has tenido años de experiencia para aprender a descartar bulos digitales, pero ellos no. Y, aun así, a veces acabas picando con alguno. ¿Te suena de algo WhatsApp Gold, la versión chachi piruli de la insigne aplicación que solo los famosos más famosos utilizan? Antes de seguir leyendo: no la toques ni con un palo con Wi-Fi.

Al igual que aquellas paparruchas anunciando la versión de pago de MSN, WhatsApp Gold se anunciaba a través de un mensaje viral, pero esta vez distribuido en la app original de chats. "¿Cómo? ¿Que se ha filtrado el WhatsApp que utiliza Belén Esteban y yo todavía no la he probado?". Claro, ¿cómo no vas a picar tú ante semejantes argumentos, inocente humano indefenso? Esta "herramienta" nos prometía todo el oro de la caja de caudales del tío Gilito:

  • Videollamadas gratuitas.
  • Posibilidad de borrar mensajes enviados por equivocación (o por borrachera).
  • Temas con dibujitos para decorar tu experiencia.
  • Envío de hasta cien imágenes a la vez (porque todos estamos deseando ver tus fotos de las vacaciones).
  • Iconos personalizables en alta calidad.
  • Más emojis.

¿Quién podría resistirse a más emojis, por Tutatis? Oculta tras un icono negro y dorado, venía a ser la versión mejorada del WhatsApp Plus, pero sin el temor a los baneos que sufrieron los que usaron esta falsificación. ¿Pero qué era en realidad esta supuesta edición premium tan sospechosa?

Déjate de chorradas y sigue con tu WhatsApp de siempre.Déjate de chorradas y sigue con tu WhatsApp de siempre.

Contigo no, bicho dorado

¿Sabes cuando instalas un programa en tu ordenador esa costumbre tan española que tenemos de darle a "siguiente" sin leer nada y a aceptar los términos y condiciones sin tener ni pajorera idea de lo que estamos consintiendo? En tu móvil ocurre algo similar cuando instalas aplicaciones, ya que estas solicitan permisos para acceder a determinadas carpetas de tu teléfono, en función de lo que necesiten para desempeñar su cometido... que bien puede ser ofrecerte un servicio de calidad a precios populares, o bien infectar tu móvil con ficheros maliciosos y robarte tus datos de manera ilegal y deshonesta. Este último caso era, básicamente, toda la utilidad de WhatsApp Gold. Y lo más terrible de todo es que los usuarios daban alegremente su permiso para ello.

Distribuido fuera de las tiendas oficiales, tocaba desactivar la casilla de "instalar solo desde orígenes desconocidos" y ejecutar en tu móvil un archivo APK que saben los dioses de dónde habría salido. Ahora bien, si en estos momentos deseas instalar esta versión cutre de malware (porque sí, porque te mola vivir con riesgo, o porque no tienes mucho aprecio a tu privacidad o a tu teléfono), te las vas a ver y desear. Es harto complicado encontrar uno de estos archivos de instalación hoy día, pero si por algún giro de los acontecimientos dieras con uno y lo consiguieras instalar, la versión del WhatsApp original en la que se basa ya estará obsoleta y ni siquiera lo podrás ejecutar.

La he liado, pollito, ¿ahora qué hago?

Si fuiste tan cafre como para caer en esta trampa, angelito, empieza por desinstalar ya mismo esa basura. Después deberías pasar un buen antivirus en tu dispositivo, cambiar todas tus contraseñas, comprobar los permisos que le has otorgado a las aplicaciones y repasar si el programita instaló alguna app indeseada en tu terminal. Y también deberías verificar si enviaste spam involuntario a tus contactos, ya que es así como se propagaba esta maldad convertida en una supuesta aplicación para personajes ilustres, ricos y triunfadores más guapos que tú.

O quizá simplemente deberías formatear tu móvil, para cubrirte las espaldas. Y la próxima vez procura no tocar cosas sospechosas porque, como decía aquel famoso cantar popular, "Ay, Manolete, si no sabes torear, ¿pa' qué te metes?".

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