Un señor de mediana edad con un ordenador

Decía el escritor y científico británico Arthur C. Clarke, autor de obras tan magnas como 2001: Una odisea en el espacio, que «cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia», y no le falta razón. Tanto el que escribe estas líneas como el que las esté leyendo, pese a estar metidos diariamente en este mundo, no podemos dejar de sorprendernos por nuevas innovaciones.

Pensemos por ejemplo en increíbles creaciones humanas como el Gran Colisionador de Hadrones del CERN, capaz de recrear las condiciones posteriores al Big Bang, o los cohetes de SpaceX, reutilizables y capaces —tras lo del otro día sí— de aterrizar de en la Tierra sin un solo rasguño tras salir de paseo al espacio. O incluso un reloj inteligente como el Apple Watch.

A escala, esas mismas sensaciones que un techie siente con tales invenciones las siente una persona lega en materia tecnológica, que no sabe usar un ordenador o un smartphone. Y esas sensaciones las experimenta a medida que entiende el medio y consigue hacer lo creía impensable.

Por ello es tan importante explicarles bien todo lo que rodea este mundo, exponérselo de manera sencilla, clara y práctica. Demostrarles todo lo que es posible hacer con un ordenador o con dispositivos no más grandes que una calculadora, sin caer en la desesperación porque, en algún momento, fuimos como ellos o casi. ¿O no?

Tecnología para padres dummies en tres simples pasos

Para explicar asuntos tecnológicos a gente mayor o que sencillamente no sabe, solamente hace falta sosiego y saber qué se está haciendo. Centrarte en estos tres pasos te ayudará tanto a ti como a quien enseñes. 

1. Obvia lo que no importa, ve a lo concreto

A tu madre no le importa que el router de la conexión a Internet que le has contratado permita 100 megas simétricos, ni que tenga señal wifi IEEE 802.11n o permita enchufarle un cable Ethernet, con el que todo va más rápido.

Lo que quiere tu madre es saber cómo tiene que hacer para poder acceder desde el ordenador a Internet, cómo se usa el navegador de su teléfono móvil para buscar una receta para la comida familiar del domingo o cómo se accede al correo electrónico para ver las fotos de sus nietos. A no ser que se interese por los temas técnicos de verdad, ve a lo concreto, útil y práctico, a lo que le ayudará en el día a día directamente, y obvia lo demás.

2. Explícales lo importante que es la seguridad y los peligros que pueden encontrarse

Igual que protegemos un inmueble, debemos proteger nuestra vida digitalIgual que protegemos un inmueble, debemos proteger nuestra vida digital

Tu padre acaba de llegar al mundo de la tecnología, apenas sabe utilizar el ordenador y su teléfono, así que mucho menos sabe distinguir un correo de phishing de uno legítimo, no sabe que muchos de los banners que ve no le van a ofrecer lo que dicen, ni mucho menos va a imaginarse que su contraseña, sencilla y fácil de recordar, será tan sencilla y fácil de adivinar por alguien malintencionado.

Adviértele de que a su correo probablemente terminen llegando muchos mensajes que no van a ser ni de su banco, ni tampoco de un sinfín de jovencitas aburridas de ciudad que desean conocerle, de cómo clicar en un anuncio demasiado bueno para ser cierto le puede crear problemas o de que su contraseña deber ser compleja, difícil de adivinar por otra persona que no sea él y, en definitiva, segura. Le ahorrarás más de un disgusto.

3. Y, sobre todo, mantén la calma

Ni tú ni yo nacimos aprendidos; ellos tampoco. La tecnología para muchos de nuestros padres, y quien dice padres dice abuelos, tíos, otros familiares o simplemente el vecino del cuarto, es algo totalmente nuevo, desconocido y ajeno. Hay que ser comprensivos, hay que guiarlos con buena mano, explicarles que hay cosas que no necesitan tener que comprender y que, de momento, lo importante, es que sepan manejarse con lo básico.

Seguramente, cuando les proporcionemos los mínimos conocimientos que necesitan para desenvolverse independientemente, ellos mismos hallen las respuestas a todas esas preguntas que están deseando hacernos. Pero si nos las hacen, cuando todavía no están preparados para entenderlas, calma. La frustración no es buena amiga; la paciencia, sí, la mejor.

Fotografía de nosha editada con licencia CC BY-SA 2.0

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