Una chica tomando una fotografía con una cámara antigua

Un ingeniero de la Eastman Kodak Company, Steve Sasson, fue el encargado de construir para la multinacional del equipamiento fotográfico en el año 1975 la que sería considerada la primera cámara digital de la historia. Aquel primer prototipo, que no tenía mayor finalidad que la del ejercicio técnico y no la de una producción posterior, pesaba más de 3,5 kilos, tomaba imágenes en blanco y negro, alcanzaba una resolución equivalente a 0,01 megapíxeles y tardó más de 20 segundos en capturar su primera instantánea.

Tras aquel primer intento circunscrito a los laboratorios y bancos de prueba de la otrora todo poderosa Kodak, en 1988, fue llevada a cabo la que probablemente es la primera antepasada de las cámaras digitales actuales tal y como las concebimos, la Fuji DS-1P. Sin embargo, aquella invención nunca llegaría a las tienda y tuvimos que esperar hasta la Dycam Model 1 —también conocida como Logitech Fotoman— para ver una de las primeras cámaras digitales al alcance del público que pudiese permitírselas.

El nacimiento de la fotografía digital, el primer paso de muchos

Estos tres dispositivos, estos tres primitivos intentos, fueron los primeros pasos de una forma de captar imágenes que revolucionaría el planeta y la fotografía tal y como la conocíamos: la digital. Ya no iban a volver a ser necesarias películas que introducir en una cámara, ya no debía realizarse un visionado de los negativos en un cuarto a oscuras o un revelado para ver las imágenes, desde ese momento las instantáneas se capturaban mediante un sensor electrónico, de forma digital, podían revisarse en el propio dispositivo y posteriormente ser traspasadas a un ordenador.

Editando una fotografía en un MacEditando una fotografía en un Mac

Esta transformación del mundo de la fotografía fue tremendamente notable y vino acompañada con el tiempo de innovaciones que trasladaron costumbres de la época analógica a la digital, como son los formatos de imágenes sin modificaciones de los que vamos a hablar en este artículo.

A todo aquel que esté familiarizado con este mundillo le sonará el formato de imagen RAW, pero quizás no tanto el DNG y mucho menos otros como el OpenRAW. Para los neófitos en estos pormenores más técnicos de formatos de imágenes equivalentes a los negativos de antaño arrojamos un poco de luz.

¿Qué es el formato RAW?

El formato RAW es, dicho en pocas palabras, un tipo de archivo digital de imagen que contiene la práctica totalidad de datos de una ídem, tal y como ha sido tomada por el sensor de la cámara.

Haciendo un símil, es el equivalente contemporáneo a los negativos que obteníamos con cámaras analógicas, una suerte de imagen que contiene toda la información relativa a luz o colores originales y que nos permite, a través de un procesado como el que otrora era el revelado, obtener una imagen final usable con los parámetros que nosotros hayamos designado.

Un RAW contiene toda la información que el sensor de la cámara puede captar

En el caso de una cámara que capta imágenes en jpeg o jpg, podríamos decir que el proceso de ajuste de balance de blancos, nitidez, contraste o saturación los realiza ella misma sobre la marcha de acuerdo a unos valores prefijados o variables siempre en el momento previo a la toma, no después. Los ajustes que pudiésemos realizar a posteriori, por tanto, se realizarían a partir de una imagen final y editada, sin todos los datos reales que podía apreciar el sensor.

Las virtudes del formato, por tanto son más que evidentes; pero no todo podía ser bueno. Aunque llamamos RAW al formato y hablamos de forma general sobre él, carece de estandarización y, en la práctica, esta circunstancia deriva en multitud de versiones según fabricantes de cámaras e incluso según modelos.

Fotografiando una fotografíaFotografiando una fotografía

Así puede haber RAWs prácticamente iguales, completamente distintos, más cerrados, más abiertos e incluso cifrados parcialmente para evitar el procesamiento a través de herramientas que no sean las propias del fabricante o las autorizadas por este. Incluso versiones de RAW que, con el tiempo, pueden quedar inutilizables por un hipotético fin de soporte de las mismas por parte de sus creadores.

Ante este verdadero maremágnum varias son las iniciativas que han querido solucionar el problema y establecer un formato estándar, abierto y universal, que corte de raíz la situación actual. El más completo y popular hasta el momento ha sido uno que, aunque propiedad de Adobe, cumple a priori todos o casi todos los requisitos: el DNG.

¿Qué es el formato DNG?

Como decíamos, el formato DNG (del inglés digital negative, negativo digital) es un formato abierto de imagen en bruto, sin pérdida, creado por Adobe Systems Inc. y lanzado en 2004.

En la práctica es como un RAW universal, que puede ser común a todos los fabricantes que deseen emplearlo y a todos los modelos de cámaras que lo adopten. La herramienta que puede tratarlos primariamente es proporcionada gratuitamente por Adobe, que por supuesto lo hace compatible con Photoshop, y otras desarrolladoras de software pueden trabajar con él sin por ello tener que satisfacer ninguna clase de regalía.

En pocas palabras, el DNG es una suerte de RAW abierto y universal

Dado su carácter abierto, el DNG garantiza que mientras haya una comunidad —independientemente de si hay una empresa propietaria o no detrás— el formato continúe, avance y pueda ser siempre accesible ahora y en el futuro.

Tal y como asegura la propia Adobe, otros fabricantes de software como Apple y Google han hecho compatibles sus productos con el formato y fabricantes como Leica, Samsung, Casio, Pentax y Ricoh han presentado cámaras que funcionan de forma nativa con él.

Aunque lo cierto es que los más grandes, compañías como Canon, Nikon, Sony o Panasonic, parecen pasar por el momento de adoptar este tipo de imagen en bruto. Y esto es un grave problema, pese a que sus respectivos formatos puedan ser transformados.

La gran pregunta: ¿RAW o DNG?

La respuesta corta sería salomónica: ambos. ¿Por qué? Porque el asunto es mucho más complejo de lo que en un principio puede parecer.

Pese a estar frente a un intento de estándar cuando hablamos del DNG, un formato no se convierte realmente en un estándar hasta que no ha sido ampliamente adoptado y, mucho menos alcanza tal grado cuando en ocasiones provoca más problemas de los que soluciona.

Pese a las buenas intenciones del DNG, lo ideal es conservar también los RAW originales

Nos referimos al desengaño que muchos fotógrafos profesionales y aficionados se han ido llevando cuando han transformado sus fotografías en RAW a archivos DNG. Junto con el presumible ahorro de espacio, el soporte infinito del formato, su total compatibilidad y el continuo desarrollo del mismo, el cambio les ha supuesto un aumento en el flujo del trabajo dado que necesarios metadatos desaparecen, los renderizados se alargan o sufren incompatibilidad con los programas de procesamiento que habitualmente usaban, ya que una amplia mayoría de software no lee los DNG y, si lo hacen, generalmente es de forma incorrecta.

Una cámara junto a un ordenadorUna cámara junto a un ordenador

Por tanto, todas las bondades que a priori podría tener el ánimo de construir un formato de archivo estándar se quedan en nada si no hay un apoyo real al mismo. La culpa probablemente no sea toda de Adobe, aunque tenga parte, pero lo cierto es que el mercado no parece estar dispuesto a renunciar a sus respectivos modos particulares de trabajo.

¿Un consejo? Como decíamos al principio, conservar ambos formatos.

Si realmente queremos trabajar con DNG, nos sentimos cómodos con el formato, sus inconvenientes no nos afectan y nos beneficia su empleo, adelante con convertir nuestros archivos a él pero, y este es nuestro consejo, conservando en la medida de lo posible los originales RAW. En algún momento un DNG nos podría dejar tirados y los RAW, seguramente, podrían ser nuestro salvavidas. Más vale prevenir que curar.

¿Y qué hay de OpenRAW?

Desgraciadamente este proyecto de estándar RAW abierto que aludíamos en la introducción, nacido en el 2005 de la mano de un grupo de aficionados a la fotografía, está todavía mucho más lejos que el DNG de alcanzar su objetivo. Tras varios años los avances han sido ínfimos y, aunque cueste reconocerlo, totalmente insuficientes siquiera para alcanzar al proyecto de Adobe que, como hemos visto, no es que goce de muy buena salud.

A la postre, la solución que muchos fotógrafos profesionales y aficionados esperamos de un formato RAW estándar y abierto suficientemente fuerte como para que los fabricantes lo adopten parece todavía una utopía. Tocará esperar pacientemente o hacerse a la idea de que, probablemente, nunca existirá. Poco más se puede hacer.

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