Salón recreativo

Quienes ya estamos en la treintena somos los últimos representantes de una especie en peligro de extinción. En nuestros años mozos los sistemas domésticos de videojuegos costaban un dineral y no todo el mundo podía acceder a ellos. Los más afortunados tenían acceso a los Spectrum, los Amiga, los Commodore 64 o los MSX. Unos pocos tenían un Amstrad CPC o uno de los primeros PC compatibles, aunque estos últimos sí eran una franca minoría. Las videoconsolas estaban empezando a llegar de forma más masiva, con la NES como la avanzadilla de todo un ejército de estaciones de entretenimiento gamer que ha ido pasando por la historia con más pena o más gloria, dependiendo del caso.

Para los que vivimos la explosión de los videojuegos en España a finales de los '80 y principios de los '90 y que no podíamos acceder a un ordenador o a una consola, nuestro universo eran los salones recreativos. Los recuerdos que tengo de aquella época evocan lugares que seguramente hoy tendrían la calificación de antro, pero al mismo tiempo tenían mucho de santuario.

Los recreativos españoles de por entonces eran un miasma de acné, humo de tabaco, macarrismo y chavales que estaban fascinados con los videojuegos. Mirando a lo que es la cultura gamer hoy en día en nuestro país, uno no puede evitar darse cuenta de lo mucho que ha cambiado el perfil del jugador desde aquellos oscuros salones invadidos por la nicotina, así como la percepción que se tiene hoy en día de quienes disfrutan jugando a videojuegos.

El código de conducta no escrito de los recreativos

Tal y como se recoge en Internet Archive, a pesar de que los salones recreativos podían ser lugares de reputación no muy recomendable, existían unas ciertas normas de conducta no escritas que se recopilaron en la revista Video Games Player y que se pueden consultar a partir de la página 29 de la publicación. Estas "normas" son más bien sugerencias de etiqueta, de lo que se consideraba por entonces "buena educación" dentro de estos microuniversos.

Si bien hoy en día pueden parecer un poco ridículas, nos sirven para volver la vista atrás y recordar una cultura que ha desaparecido.

Regla número 1: no llames la atención

Hay que tener en cuenta que la gente iba a los salones recreativos a pasárselo bien, no a ver a nadie preparándose para un duelo a mediodía bajo el sol. Actuar con naturalidad era obligatorio, de lo contrario se corría el riesgo de atraer atención no deseada. Nadie tenía interés en ver a nadie montando una escena.


Controles de la recreativa original de TronControles de la recreativa original de Tron / Sam Howzit editada con licencia CC 2.0

Regla número 2: no te muestres demasiado ansioso

Colocar una moneda en un lateral de la pantalla era una espece de signo internacional para declarar que querías reservarte un turno en una máquina. Una moneda estaba bien, pero colocar más de una daba muestras de ansidedad y de que el jugador no pensaba soltar la máquina pasase lo que pasase. Se consideraba una falta de respeto y educación no permitir que todo el mundo tenga su turno para jugar.

Regla número 3: conoce lo que vas a jugar

Antes de que tuviésemos Steam y las tiendas digitales de Xbox y PlayStation, si alguien quería jugar a algo tenía que ir a un salón recreativo y hacer cola delante de una máquina. Los recién llegados solían probar todos los juegos que podían sin saber muy bien cómo funcionaban, lo que solía significar desastre absoluto. Conocer la mecánica de cada máquina era fundamental, para lo que esperar tu turno y mientras observar la partida era la mejor escuela.

Regla número 4: no distraigas a los otros jugadores

En los salones de antaño siempre había alguien que gritaba "¡cuidado con el que te viene por detrás!" o algo parecido mientras jugabas. Este chaval siempre se acababa llevando un capón. La concentración de los jugadores durante una partida es total y absoluta, con lo que dejar que los demás jueguen a su manera y mantener la boca cerrada era un must.

Regla número 5: juega en silencio

Con el modo multijugador que es tan común hoy, donde los chats de voz están a la orden del día y donde los streams de partidas en Twitch ofrecen un sistema de comunicación directo entre el jugador (que comenta la partida) y los espectadores (que intercambian opiniones con el jugador), se miraba mal a quienes no paraban de hablar mientras jugaban. Ni siquiera para emitir improperios contra la máquina. El vecino de la máquina de al lado podía estar concentrado en su juego, y no necesitaba que nadie le hiciese un comentario en directo de otra partida.

Antiguas máquinas recreativasAntiguas máquinas recreativas / Sam Howzit editada con licencia CC 2.0

Regla número 6: elige tu máquina y empieza a jugar

Ya hemos comentado que a los salones iba mucha gente a jugar y que todos tenían derecho a disfrutar de los videojuegos. Esta regla iba dirigida a aquellos que tenían un pequeño ritual antes de empezar una partida. Esto se resume en que hay más gente esperando, con lo que una vez se tuviese claro a qué se iba a jugar, más valía empezar pronto para que otro pudiese disfrutar de su turno antes. La idea era agilizar al máximo las colas delante de cada máquina.

Regla número 7: acepta la derrota y sigue tu camino

A todos nos han matado en algún momento crítico del juego. Todos sabemos la rabia que da. Ahora podemos volver a continuar desde el último punto de guardado las veces que queramos, pero no en aquellos años. Si querías continuar donde lo habías dejado tenías que añadir otra moneda en un período de 10 segundos, de lo contrario había que empezar desde el principio. La dificultad de los videojuegos entonces se incrementaba exponencialmente con cada nivel, con lo que algunos eran muy difíciles de batir. Huelga decir que la frustración también aumentaba exponencialmente. Si morías se consideraba de buena educación no montar un escándalo y dejar al siguiente si no pensabas continuar.

Jugadores en un salón recreativo asiáticoJugadores en un salón recreativo asiático / greentleaf editada con licencia CC 2.0

Regla número 8: has de saber cuándo retirarte

Como en todas partes, en los salones recreativos se podía ofender a alguien muy fácilmente. Según a quién se ofendiese, más valía salir por patas. Allí todo el mundo iba a disfrutar de los videojuegos en relativa paz, así que si creías haber ofendido gravemente a alguien lo mejor era salir haciendo mutis por el foro. Dicho de otra manera, los jugadores no tenían por qué cargar con las consecuencias de las acciones de uno.

Vincent Diamante editada con licencia CC BY-SA 2.0

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