Una mujer teclea en un ordenador

Internet está metido de lleno en nuestras vidas. A través de la red estamos en contacto con amigos y familiares, consultamos nuestra cuenta bancaria, pedimos comida a domicilio, vemos películas o series, nos informamos y hasta trabajamos. No todos, ni de la misma forma, ni en el mismo grado, pero son tendencias al alza.

Muchas partes de nuestras vidas actuales se encuentran ligadas directa o indirectamente con Internet y muchas de las cosas que hacíamos décadas atrás, cotidianamente, han pasado a ser algo extraordinario por su excepcionalidad. Como también han pasado a serlo objetos que no hace mucho convivían diariamente con nosotros y de un día para otro han dicho adiós o se han quedado en un segundo plano.

Queremos reflexionar sobre ello y, como decía aquella mítica a la par que aletargada canción, ver cómo hemos cambiado a través de unos sencillos pero elocuentes ejemplos.

Los SMS como forma de comunicación habitual

Un teléfono móvil de la época en la que los SMS todavía se emplean con profusiónUn teléfono móvil de la época en la que los SMS todavía se emplean con profusión

En los tiempos que corren, es inevitable echarse a reír cuando una operadora pretende colarnos una tarifa con la increíble virtud de tener mensajes de texto gratis e ilimitados. En los 90 hubiese sido una genialidad, pero en pleno 2016, es casi una broma de mal gusto si no somos una persona ajena a la tecnología y los planes de datos. Los SMS, con la llegada de Internet y sobre todo de los teléfonos móviles con buena conexión, han tenido que marcharse al cajón de lo vintage.

Caídas de más del 20 % ya en 2012

Aplicaciones como WhatsApp o Telegram los han condenado al ostracismo y solamente les queda, muy meritoriamente, la función de brindarnos códigos de verificación de servicios online, informarnos del envío de un paquete o servir de notificación para enterarnos de que se nos están acabando los datos, por ejemplo. Lo de mensajearse compulsivamente ya no es lo que era.

Y para muestra, un botón. En 2010, según datos de la CNMC, se enviaron en España más de 2.000 millones de SMS. Sólo dos años más tarde, en el tercer trimestre de 2012, la caída era de un 27,6 % respecto al mismo periodo del año anterior. En 2015, las cifras, nos las podemos imaginar.

Los periódicos o revistas en papel como principal vía de información

Los crucigramas de un periódicoLos crucigramas de un periódico
Ordenador y móvil mandan ahora

Periódicos y revistas en papel continúan vendiéndose, pero ya no los compramos como antes. Conforme las conexiones a la red se han ido popularizando, la forma en que las personas se informan ha ido cambiando. Si antes uno se acercaba al quiosco y se compraba un diario, ahora se siente frente al ordenador o saca su móvil del bolsillo, y accede a su medio favorito o bucea entre enlaces que encuentra en las redes sociales.

Al igual que la televisión y la radio influyeron en su momento en la situación de la prensa escrita tradicional, con las posibilidades infinitamente más abiertas de la red el consumo de información muta.

Según el informe de octubre de 2014 del observatorio internacional Digital Democracy Survey, elaborado por Deloitte, para el consumo de noticias el ordenador es el dispositivo favorito en un 44 % de los casos seguido del smartphone, en un 20 %. Los datos hablan por sí solos. Y no echamos de menos los crucigramas.

La correspondencia entre personas

Las cartas manuscritas están en peligro de extinciónLas cartas manuscritas están en peligro de extinción

Parémonos a pensar detenidamente unos instantes. ¿Cuándo fue la última vez que abrimos nuestro buzón y encontramos en él una carta que no sea ni una factura, ni publicidad, ni una notificación de alguna administración pública? Seguramente mucho. Y si no, seguramente fuese una excepción.

Las cartas entre particulares, una anécdota

Las cartas han quedado para temas oficiales, para facturas —aunque cada vez más se van imponiendo las electrónicas— y otro tipo de avisos que poco tienen que ver con mantener una comunicación entre dos personas sobre asuntos más o menos personales. Internet y el correo electrónico, son los grandes responsables.

Y otro dato del noviembre pasado para asentar la afirmación: dos de cada tres españoles, según la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, no había recibido cartas de otros particulares en los últimos seis meses.

Los videoclubs y el alquiler de películas en físico

Cintas VHS, un clásico antes de los DVDCintas VHS, un clásico antes de los DVD

A finales del siglo pasado el negocio de los videoclubs era rentable. Era un sector pujante, los establecimientos abiertos en cada ciudad se contaban por decenas y los fines de semana se llenaban de usuarios en busca de películas que disfrutar. Eran la alternativa a las salas de cine y sus precios eran populares.

En 2006 cerró el 90 % de videoclubs en Madrid

Pero el escenario cambió con la democratización de los ordenadores primero y de las conexiones a Internet relativamente rápidas después. Todo el mundo demandaba equipos con grabadora de DVD, las copias caseras se hicieron comunes y más tarde las descargas mediante P2P se extendieron. En apenas unas décadas los videoclubs dijeron adiós.

En 2006, solamente en la ciudad de Madrid, se produjo un descenso en el número de videoclubs abiertos de más de un 90 % según datos de la Asociación de Empresas del Vídeo. Ahora es más probable encontrarte con la aguja del pajar que uno de estos establecimientos.

El fax y parte de sus envíos

Detalle del teclado de un faxDetalle del teclado de un fax

La telecopia, como también es conocido el fax, era lo más parecido a enviar una imagen adjunta en un correo electrónico que se tenía años atrás, antes del triunfo de la tecnología digital, e inicialmente fue un elemento imprescindible en las redacciones de los periódicos. Y como todo, se popularizó, y con el tiempo la mayoría de empresas y no pocos particulares adquirieron uno.

En 2012 sólo el 5 % de los hogares tenía fax

Sin embargo, con la llegada de Internet y el e-mail, el envío mediante señales eléctricas a través del sistema telefónico de documentos e imágenes ha caído en desuso hasta circunscribirse a ámbitos muy concretos. Ejemplo es el de las compañías aseguradoras, el sector bancario, el energético o el judicial, por entre otros motivos la validez jurídica que se le suele otorgar a este tipo de comunicación.

La última vez que el Instituto Nacional de Estadística preguntó por la presencia de los fax en los hogares españoles, en 2012, apenas el 5 % poseía uno.

La censura total

Aunque es complicado, con los conocimientos y los medios adecuados puede evitarse la censura en granAunque es complicado, con los conocimientos y los medios adecuados puede evitarse la censura en gran

Sin Internet, hace unos años, vivir en un país gobernado de forma autoritaria, con la censura inmiscuyéndose en cualquier asunto, era tener sin mucha alternativa posible una venda en los ojos informativamente hablando.

La censura evoluciona, pero la forma de saltársela también

Desgraciadamente, esto todavía es así en muchos lugares del planeta, pero gracias a Internet, las personas que disponen del equipamiento adecuado pueden acceder con relativo éxito —mediante tecnologías como Tor— a contenidos prohibidos en sus territorios. Un pequeño aunque insuficiente avance.

Otros métodos de saltarse en parte o totalmente la censura son emplear proxys reconfigurados, usar redes privadas virtuales, utilizar los servicios de un proveedor de Internet no restringido de un país vecino o modificar los servidores DNS. Este último método, por ejemplo, fue el empleado por los turcos para saltarse el bloqueo de Twitter en su país antes de las elecciones municipales del año 2014, publicitando las DNS públicas de Google 8.8.8.8 y 8.8.4.4. Funcionar, funcionaba.

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