Basura electrónica

En el mundo de los productos de consumo en distintos ámbitos existe un fenómeno de sobras conocido llamado "obsolescencia programada". Para quienes no sepan a qué se refiere este concepto, podemos definirlo como la determinación o programación del fin de la vida útil de un producto. Esto significa que, tras un período de tiempo calculado de antemano por el fabricante o por la empresa durante la fase de diseño de dicho producto, este quedará obsoleto y desactualizado. Las empresas tecnológicas piensan también en términos de obsolecencia programada para sus propios productos de uso y consumo interno, si bien en estos casos en lugar de aumentar un volumen de ventas lo que se persigue es reciclar dicho producto para una posterior vida útil.

Según se ha publicado en el Washington Post, las grandes tecnológicas fabrican productos “pensando en su destrucción”. Este sería el caso del robot Liam de Apple, que probablemente nunca será usado por ningún usuario y que sirve para desensamblar iPhones que después se reciclarán.

Volviendo por un momento al asunto de la obsolescencia programada, si se utiliza para que los usuarios desechen sus dispositivos actuales para comprar uno nuevo, también se obliga a los fabricantes a lidiar con ella: deben descubrir cómo ocuparse de todas las unidades que se desensamblarán como resultado de la nueva fiebre consumista por tener el nuevo aparato.

Evitar que se cree más basura electrónica

Apple estuvo más de tres años construyendo a Liam, del que actualmente existen sólo dos unidades. Cada uno de ellos separa los iPhones componente a componente, y después los separa para lograr un reciclaje más eficiente. La vicepresidenta de medio ambiente de la empresa de la manzana mordida, Lisa Jackson, comentó que piensan en “la vida útil y el reciclaje de productos tanto como en su diseño”, por lo que parece que desde Cupertino existe cierta concienciación para con el entorno natural.

Otros fabricantes siguen una aproximación al asunto del reciclaje distinta, diseñando productos que cuentan con un desmontaje mucho más simplificado reemplazando el pegamento y los tornillos con partes que encajan entre sí. Algunos incluso la variedad de plásticos usados en la fabricación y evitan utilizar mercurio y otros materiales dañinos que pueden complicar el reciclaje. En esta misma línea, los coreanos de Samsung diseñaron su televisión de pantalla curva pensando en el desmontaje y en el reciclaje, usando sólo ocho tornillos y reemplazando 30 uniones mecánicas por piezas que encajan.

Otros que también han querido pensar en el fin de la vida útil de sus productos han sido los fabricantes de ordenadores de Dell. Empezaron a reunirse con especialistas en reciclaje hace 10 años de forma que se pudiese empezar a diseñar ordenadores pensando en qué va a pasar con ellos una vez dejen de ser útiles. Hoy en día alientan el diseño de productos modulares que se puedan mantener al día actualizándolos o reparándolos.

Todo esto forma parte de los esfuerzos de la industria tecnológica para corregir un problema que existe por su culpa. Los avances tecnológicos han llevado a reemplazar productos a velocidades de vértigo, lo que tambien ha acabado subiendo la expectación de los consumidores y ha generalizado el pensamiento de que en unos pocos años todos los productos que hoy son novedad quedarán anticuados. Esto ha generado un incremento en el volumen de basura electrónica, mucha de la cual acaba en países en vías de desarrollo en los que sus ciudadanos deben lidiar con los riesgos para la salud y el medio ambiente que acarrea.

Componentes electrónicos en un vertederoComponentes electrónicos en un vertedero

Los usuarios están preocupados por la basura electrónica

Parte de la motivación de los fabricantes para apoyar los sistemas de reciclaje viene de la creciente preocupación de los usuarios por los residuos electrónicos. Según se recoge, en una encuesta conducida en 2014 en Estados Unidos un 86% de los encuestados dijo que les gustaría que las tecnológicas diseñasen sus productos pensando en que después deberían reciclarse. Esas mismas personas dijeron que gastarían un 10% más en un producto si supiesen que se ha montado con materiales reciclados.

Hay que tener en cuenta que gobiernos de todo el mundo miden el impacto ambiental de los productos electrónicos antes de decidirse a dar una concesión para sus equipos a un fabricante o a otro. Esto se refiere a ordenadores y a otros equipos electrónicos. Por otra parte, los fabricantes inciden en que usando sus propios materiales reciclados cuesta menos que comprárselos a terceras partes.

En este sentido, desde Dell se comenta que la resina plástica obtenida de su propio programa de reciclaje es un 10% más barata que si se compra reciclada en el mercado. Esto no sorprende, debido a las leyes de oferta y demanda y a que los vendedores de los materiales reciclados deben tener un margen de beneficio para poder subsistir.

Desde Apple se dice que por ahora están más centrados en el proceso de reciclaje que en el diseño para facilitarlo. En el caso de Liam, el robot intenta separar materiales con gran precisión para que se puedan reciclar con la máxima calidad y pureza. Por ahora desde Cupertino se comenta que sus materiales reciclados no llegan a los estándares mínimos para que se puedan reutilizar en sus productos. No se sabe qué pasará con este robot cuando llegue al final de su vida útil.

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