Dos tontos muy tontos

Grosso modo esta es la conclusión que se extrae del estudio desarrollado por la canadiense Universidad de Waterloo. Éste concluye que su uso está contribuyendo a que nuestro rendimiento cognitivo se vea perjudicado.

El estudio se ha llevado a cabo con 660 personas analizando sus capacidades cognitivas. Se prestó atención a su modo de razonar, que puede ser desde muy intuitiva a muy analítica, así como sus capacidades verbales y de cálculo numérico. Una vez obtenida la información deseada se relacionó con la forma con la que utilizan el smartphone a la hora de buscar información con el buscador.

El resultado fue que aquellas más analíticas e inteligentes tenían menos necesidad de recurrir al oráculo de Google, posiblemente porque conocían la respuesta a las preguntas sin necesidad de buscarla. Nathaniel Barr, uno de los coautores del estudio, destaca al respecto lo siguiente:

Parece que nos hace más vagos a la hora de pensar porque preferimos consultar el teléfono antes que buscar a través de nuestro cerebro esa información.

La metodología aplicada en el estudio fue la de poner tres problemas a los participantes del mismo de carácter cognitivo. Tras las respuestas se les preguntaba si poseían teléfono móvil y con qué asiduidad consultaban su buscador.

El uso del buscador reemplaza la necesidad de aprender

La cuestión es que antes de la facilidad actual para encontrar cualquier tipo de información, cuando algo se desconocía uno trataba de aprenderlo por uno mismo. Es decir, hacía trabajar al cerebro. El proceso está siendo reemplazado por Google, Bing o Yahoo! (no importa el que sea) y el individuo sólo acaba por recordar como recurrir a esta herramienta.

Sus autores creen encontrar evidente la relación entre uso del smartphone y esa pereza mental, pero no creen que haya que desconectarse. De hecho se piensa que las herramientas quetenemos a nuestro alcance son buenas y potentes, pero hay que usarlas con mesura:

Es importante pensar en el equilibrio correcto entre pensamiento interno y adquisición externa de información.

Eso sí, el estudio determina que el uso de redes sociales no tendría relación con el deterioro de la capacidad intelectual.

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