Escena de la impresora de Office Space

Dicen que en la Inglaterra de 1779 un jovenzuelo llamado Ned Ludd, dedicado al noble oficio de tejer, destruyó dos telares. No se sabe si fue por vandalismo, por ocio o porque veía su puesto de trabajo peligrar al creerse remplazable por alguna de estas máquinas. Sea cierta la historia o no, la cuestión es que su leyenda se agrandó y acabó dando nombre al movimiento ludita, también conocido como ludismo.

Este movimiento, que sí está documentado, tuvo lugar en este país entre 1811 y 1817. Encabezado por artesanos, se basaba en la destrucción de telares industriales que destruían el empleo puesto que remplazaban a las personas que hasta ese momento se habían dedicado a tejer. Lo que entonces empezó como un acto de supervivencia laboral derivó en un movimiento de base filosófica opuesto a adoptar un modo de vida en el que los avances tecnológicos estén presentes.

Ha llegado hasta nuestros días, acuñándose el término neoludismo para referirse a esta oposisición a los avances tecnológicos. En forma de Lobos solitarios terroristas como Unabomber o de manera combinada en acciones reivindicativas, sus puestas en escena sólo han servido para que la gran mayoría les tomen por unos trasnochados. La última de ellas sonada fue el pasado 5 de febrero.

Neoludismo: nacido para perder

San Francisco y el área metropolitana que la rodea ocupando la Bahía (Silicon Valley, Oakland, Berkeley...) son espectaculares y quien tenga la oportunidad de ir no debe desaprovecharla. Buen clima, interesante confluencia de culturas y una sociedad abierta donde todo tiene cabida de una manera muy natural. Sin embargo también es el lugar de Estados Unidos donde cualquier activista, militante o integrante pasado de rosca de un movimiento social, político o cultural va a encontrar retroalimentación. Y por si lo dudabais, los neoluditas no faltan... siendo de los más activos del planeta.

Hemos venido a boicotear los Crunchies

Los Crunchies, además de sugerir un nombre para un cereal de desayuno, son como se conocen coloquialmente los premios que otorga TechCrunch, una de las webs más importantes de tecnología, para reconocer el trabajo de empresas e innovaciones tecnológicas del año anterior. Se les conoce como Los Oscar de Silicon Valley.

La última acción sonada tuvo lugar en los Crunchies el pasado 5 de febrero

Pues bien, allí que se plantaron alrededor de 50 activistas neoluditas para mostrar su más absoluta disconformidad ante el actual modelo de desarrollo occidental, cada vez más integrado y absolutamente dependiente de las nuevas tecnologías. Ataviados con máscaras de cerdo, protestaban contra el certamen y todo lo que éste representa.

No es la primera vez que hacen acto de presencia en estos premios, tal y como contaba SFGate en su crónica, y en el área de la ciudad californiana. De hecho ésta ha bajado de intensidad si se vuelve la vista atrás, cuando ha habido momentos de más tensión.

El fenómeno de gentrificación que se vive en algunas localidades de la zona por los nuevos ricos de Silicon Valley derivó en acciones reivindicativas, algunas incluyendo episodios violentos: los autobuses de Google con lunas tintadas para que la chusma no vea a sus bien pagados trabajadores o las mansiones de fortunas de la tecnología han sido objetivo de estas reivindicaciones.

Acciones difíciles de entender

La misma mañana de los Crunchies uno de los autobuses de Google era bloqueado por una docena de personas para impedir su paso... y junto a él los otros tres carriles de la autopista. Uno de los cabecillas, megáfono en mano, lanzaba soflamas contra lo que llamó colonialismo hipergentrificador. Durante 20 minutos estuvo el tráfico cortado, hasta que una pareja de policías disolvía pacíficamente la manifestación y se restablecía la normalidad.

Este suceso es molesto para quien va dentro de un coche y le bloquean la autopista, pero más molesto además de ser incomprensible son acciones terroristas como las del antes mencionado Unabomber, que entre 1978 y 1995 llevó a cabo una serie de atentados con bomba en base a los principios neoluditas llevándose por delante la vida de 23 personas.

Pero no toda oposición a la tecnología es neoludismo

¡Pero que no nos engañen! La tecnología, con Internet, smartphones y demás como máximo exponente actual, puede facilitar y mejorar en muchos aspectos la vida del ser humano. No es necesario enumerar casos... pero también una aplicación equivocada o "excesiva" de la misma pueden perjudicarle. A menudo defender un uso racional de la misma (que recordemos, es una herramienta, no un fin), es confundida de forma interesada con movimientos reaccionarios, retrógrados, primitivos y tecnófobos. He aquí un par de casos recientes:

Taxistas contra Uber

Desregular un sector laboral y precarizar los derechos de los trabajadores no puede ser nunca un avance tecnológico: de sus diferentes puntos de vista nos hablaron el Country Manager de Uber en España y el presidente de UNALT, una de las asociaciones más importantes de profesionales del taxi.

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Hinchas del PSV Eindhoven contra la instalación de Wi-Fi en el estadio

El fútbol, como espectáculo, también se ve afectado por la llegada de las nuevas tecnologías. La afición del PSV Eindhoven protestaba así contra la instalación de acceso libre a la red Wi-Fi en el Philips Stadion ya que creen que al fútbol no se va a twittear. Odio eterno al fútbol moderno.

O-B-S-O-L-E-T-O

En la crónica antes referenciada de San Francisco Gate se preguntan si el movimiento antitecnológico está obsoleto. No es necesario formularse tal pregunta porque a todas luces nació así. Aunque toma oxígeno de otros como el antiglobalización o el ecologista y parasita del descontento general en absoluto son iguales. La tecnología puede mejorar la calidad de vida del ser humano y oponerse de forma frontal es una pérdida de tiempo absurda. Ganas de querer volver a morir por una epidemia de peste.

Es absurdo argumentar que genera desigualdades, ¿o acaso antes de la Revolución Industrial no las había? Esas desigualdades no se combaten acabando con todo progreso tecnológico, porque entonces deberíamos volver a subir al árbol (del que quizá es cierto que no deberíamos haber bajado).

Es obvio la tecnología es el medio y no el fin, por eso hay que educar en su utilización para no convertirse en su esclavo. No en vano hay voces reconocidas como Elon Musk o Stephen Hawking (además de muchos otros) alertando sobre un uso incorrecto de la misma. Pero no confundamos tratar de evitar que Skynet tome el control con volver a la caverna.

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