Un iPad Pro siendo utilizado con el dedo

Desde que el mundo es mundo y el iPad es iPad, unos cuantos somos los constantes —por no llamarnos pesados— que hemos venido demandando para la cacareada Post-PC era una tableta de la manzana que fuese realmente sustituta, en la medida de lo posible, de un tradicional ordenador. Que nos permitiese desempeñar tareas con una comodidad similar, que tuviese la potencia suficiente para no resentirse y, resumiendo, que se asentase en nuestro escritorio y empujase al vacío sin ninguna clase de remordimiento cualquier otro equipo.

El problema con el que contaban los iPad desde la primera generación hasta la última en sus diferentes versiones, la penúltima desde ayer, no era precisamente de hardware sino de software. iOS es un gran sistema operativo móvil, es potente, versátil, rápido… un placer que cualquier techie disfruta más o menos; pero es móvil, demasiado móvil. En mi opinión es perfecto para un iPhone, pero paupérrimo para un iPad.

Porque si concebimos la tableta como un smartphone grande centrado en el consumo de contenidos —y obviamente sin la función de llamadas—, iOS cumple su función. Si la concebimos como eso, pero también como una herramienta para el trabajo y la productividad, entonces sí, se queda en mero intento.

iOS se queda corto

Porque si desgraciadamente las aplicaciones pocas veces han acompañado a las particularidades de un dispositivo que dispone de una generosa pantalla, mucho menos lo ha hecho el sistema. Porque como digo, si pensamos en un iPad como algo más que un invento en el que consumir contenidos, navegar por la web, consultar redes sociales y escribir o dibujar algo de vez en cuando, la réplica agrandada del sistema operativo de un móvil no nos sirve.

Las novedades de iOS 9 se quedan cortas para el iPad Pro

La esperanza para todos esos que pensábamos en ello era el esperado iPad Pro, una tableta que se preveía según algunos rumores para hace justo un año, para el anterior special event de Apple que se celebró un mismo 9 de septiembre, pero que llegó ayer. ¿Solucionó Apple todo esto? Respuesta corta: no. Respuesta larga: no, aunque los pasos que dan siguen el camino correcto.

Una imagen de la presentación de Apple del pasado 9 de septiembre de 2015Una imagen de la presentación de Apple del pasado 9 de septiembre de 2015

iOS 9 ha llegado con notables mejoras, muchas de ellas dirigidas a incrementar la productividad cuando se usa. Es una evolución lógica, una progresión hacia delante y arriba que no por ello deja de ser novedad. Este nuevo sistema dará muchas alegrías pero, lamentablemente y pese a todo, se queda corto para el iPad Pro.

Nos brinda la demandadísima pantalla partida para poder utilizar dos aplicaciones al mismo tiempo; algo genial para la generosa pantalla de 12,9 pulgadas del dispositivo. Con esa misma diagonal, ahora las diferentes aplicaciones pueden ser capaces de mostrar muchísima más información sin por ello tener que recurrir al scroll o pestañas; nada mal. Ofrece un mejoradísimo soporte para teclados externos, incluyendo además uno oficial que sirve al mismo tiempo como una suerte de smart cover; otro avance. Convierte su teclado virtual en un trackpad con el que determinadas acciones se simplifican sensiblemente y ganan en rapidez; un pasito más. Y trae consigo, aunque se venda aparte al igual que el teclado, un stylus denominado Apple Pencil con una gran tecnología detrás, al menos sobre el papel, y no poca polémica por el presupuesto cambio de mentalidad en Cupertino. ¿Pero todo esto es suficiente? No.

Imagen de la presentación en la que se muestran los precios del Apple Pencil y del tecladoImagen de la presentación en la que se muestran los precios del Apple Pencil y del teclado

A hacia dónde debe ir el iPad Pro

La nueva tableta necesita mucho más para justificar su apellido y su coste

El iPad Pro, para justificar su apellido y su cercano precio al de los MacBook Air, necesita un sistema que vaya mucho más allá de apaños en forma de mejoras físicas, de hardware y software que, seamos sinceros, poco se alejan de lo mínimo que se le podría exigir a una tableta presumiblemente dirigida a un nicho profesional y que pretende llevar su uso productivo como bandera.

iOS 9 necesita evolucionar mucho más para los iPad en general y el iPad Pro en particular. Un acercamiento a lo que sería un sistema operativo de escritorio sin perder de vista que se trata de una tableta cuya principal entrada es un panel táctil y uno de sus objetivos es la extrema movilidad. Un remozamiento en forma de, por ejemplo, una multitarea completamente real, la posibilidad de utilizar un cursor, un gestor de ficheros o la adopción de un sistema de ventanas. En todo eso Microsoft, con sus Surface, gana.

Sin todo esto, es lo que pienso, el iPad Pro se queda en un iPad con mayor pantalla, mayor potencia y alguna funcionalidad extra, no es un iPad verdaderamente "pro". Por ello, es solamente un comienzo.

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