Facebook y Twitter tienen la capacidad de manipular a sus usuarios

Vamos a parar a pensar un segundo. Las noticias que leemos, ¿realmente las leemos porque vamos en busca de las que nos interesan o llegan hasta nosotros porque nuestras redes sociales nos las ofrecen?

Últimamente, y cada vez que con mayor frecuencia, pasa más lo segundo que lo primero. Si lo pensamos bien, de todo el repertorio de artículos habidos y por haber en el mundo del periodismo, leemos las noticias que Facebook o Twitter, o cualquier otra red social de la que seamos asiduos, quieren que leamos.

Algo ciertamente peligroso si tenemos en cuenta que son empresas privadas que sólo responden a intereses comerciales los que están de alguna manera moldeando, de forma inconsciente o no, la percepción que tiene la sociedad moderna del mundo que le rodea.

Esto es lo que pasa cuando el periodismo tradicional pierde el control sobre sus canales de distribución, y son las grandes empresas tecnológicas las que se encargan de que las noticias lleguen hasta los lectores. Sencillamente los espacios de noticias ya no pertenecen a los que crean esas mismas noticias, sino a las redes sociales como Facebook o Twitter.

Cada vez que Facebook modifica un algoritmo se está tomando una decisión editorial

La afirmación puede sonar dura, y quizás algo sensacionalista, pero viene a resumir el sentir general de la realidad que vivimos. Un gran porcentaje de las noticias que nos llegan dependen de que un ingeniero de la compañía tecnológica de turno decida cambiar tal o cual algoritmo.

Obviamente, no creemos o queremos creer que ninguna red social decida modificar sus algoritmos para mostrar o dejar de mostrar determinados posts con la intención de manipular al lector, pero que la posibilidad está ahí es toda una realidad.

Un reciente estudio del Pew Research Center constató que más del 60% de adultos norteamericanos eran usuarios de Facebook, y de ellos prácticamente la mitad usaban la red social como fuente de noticias. De esta manera, si cualquier día un ingeniero de Menlo Park decidiera no mostrar noticias sobre un suceso X, estaríamos hablando de que el 30% de los estadounidenses no se enterarían.

Un ejemplo que ilustra el poder de las redes sociales

A estas alturas de la película estamos todos familiarizados con el asunto de las protestas en la ciudad norteamericana de Ferguson relacionadas con la muerte de Michael Brown a manos de un agente de policía. Cuando se produjeron las primeras revueltas a mediados de agosto de este mismo año, tuvo lugar un hecho bastante curioso que viene a enseñarnos hasta qué punto las redes sociales pueden afectar nuestra percepción de la realidad.

En la fase inicial de todo el movimiento que finalmente ha desembocado en los sucesos de los que hemos sido testigos hace escasos días, y antes de que el caso de Ferguson y Michael Brown se convirtiera en un acontecimiento de talla mundial, muchos usuarios de las redes sociales expresaron su indignación por lo que inicialmente pudiera parecer una manipulación en toda regla.

Resulta que mientras los timelines de Twitter se inundaban con miles y miles de reacciones populares al suceso, para los usuarios que sólo seguían Facebook y ninguna otra red social, tal evento nunca se había producido. ¿Por qué? Simplemente porque cada uno de ellos utiliza un algoritmo diferente -propietario y privado, todo hay que decirlo- para filtrar las publicaciones que llegan a sus usuarios.

Mientras que el algoritmo de Twitter está más abierto a discusiones que son tendencia en un área geográfica determinada, permitiendo que sus usuarios interaccionen con otros individuos sin vínculos en común, el de Facebook se centra más bien en realzar el contenido de amigos con los que hay una relación más regular y publicaciones de contenido similar a otras en las que hemos mostrado interés en el pasado.

De esta manera, mientras la América más tuitera se hacía eco de los sucesos de Ferguson, un gran porcentaje de estadounidenses seguía disfrutando en su muro de fotos de gatitos y vídeos de gente echándose agua por encima, en un ejemplo de caridad egocéntrica.

¿La solución? A estas alturas parece complicado que los medios tradicionales puedan recuperar los canales de distribución de los que se desentendieron en el pasado, y quizás sea mucho pedir que empiecen a pensar como empresas tecnológicas antes que como profesionales del periodismo, pero puede que éste sea el único camino para proteger la neutralidad de la red en cuanto a la manipulación de noticias.

Shan Sheehan editada con licencia CC 2.0

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