Los Sims

Los Sims fue el experimento más exitoso de Will Wright, creador de Maxis y artífice de títulos como Sim City o Sim Earth, de los que ya hablamos hace un tiempo.

Aparecido en el año 2000, el juego planteaba un simulador social en el que tomamos el control de una familia de “Sims”, personas habitantes de un barrio cercano a Sim City. Al principio debíamos crear a nuestros Sims, eligiendo su aspecto y su personalidad, para posteriormente mudarlos a un hogar, el cual podíamos diseñar y decorar nosotros mismos, y tras ello poner a nuestros Sims a vivir. En ese momento no podíamos imaginar que los problemas no habían hecho más que comenzar.

Una vez mudados los Sims a su hogar debíamos empezar a vigilar sus necesidades, cuidando que realizaran todas las actividades cotidianas que una persona normal realizaría: comer, ir al servicio, ducharse y por supuesto, buscar un trabajo con el que mantenerse y mantener a su familia (si la hubiera), además nuestro Sim deberá tener la casa decorada adecuadamente y a su gusto, aparte de tener que relacionarse con los demás Sims y hacer amigos, que unido a la mejora de sus aptitudes y destrezas lo harán progresar en el trabajo, lo que nos permitirá acceder a mejores objetos que sacien las ansias consumistas de nuestro Sim. Nuestro Sim podrá también casarse y tener hijos, aunque estos nunca pasarán del estado de niñez. En caso de que no satisfaga sus necesidades diarias, su humor caerá por los suelos, volviéndose malhumorado y dejando de lado aun más cosas, corriendo el riesgo de llegar a morir, lo que por suerte no llegará a suceder muy a menudo.

Como podemos ver, el juego planteaba unas premisas bastante amplias, y aun así el entorno del juego era bastante limitado, ya que no podíamos abandonar nuestra casa más que para ir a trabajar, pero aun así el juego nos garantizaba horas y horas de diversión, en la que podíamos someter a nuestro Sim a nuestros experimentos, llevándolo a la más absoluta desgracia o convirtiéndolo en lo que soñemos ser nosotros mismos. Prácticamente sin límites, y sin un final definido.

Pronto esos límites comenzaron a ampliarse con varios packs de expansión, que permitieron al Sim salir de casa para visitar diferentes tiendas y restaurantes, irse de vacaciones, tener su propia mascota e incluso ser una estrella de cine o un poderoso mago.

Otro de los grandes alicientes de este juego y de sus expansiones es que prácticamente todos los edificios del juego eran personalizables por el jugador, además de que gracias a la inmensa comunidad generada en torno al juego era posible encontrar prácticamente cualquier objeto que desearamos y que había sido creado por fans.

Aunque los gráficos hoy por hoy resultan arcaicos, en su época no estaban nada mal, y la única pega achacable al rendimiento del juego eran las ralentizaciones que se daban en determinadas situaciones, sobre todo en las zonas comunitarias introducidas por las expansiones.

Finalmente mencionar que el juego está basado en varias teorías científicas y arquitectónicas acerca de cómo el entorno del hogar influye en nuestra vida y nuestro humor; y que además posee el galardón, junto con su segunda parte de la que hablaremos próximamente, de ser el juego de PC más vendido de la historia (título arrebatado a Myst, como ya comentamos anteriormente.

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