Desde que internet apareció en nuestras vidas, empezamos a tener a nuestra disposición la base de datos más grande de la historia, debido a esto empezamos a crear nuevas tendencias en cuanto a la cultura se refiere: nuevos modos de ver cine, leer noticias o compartir nuestras fotografías; pero uno de los puntos más llamativos fue la manera tan radical en la que cambiamos nuestro modo de escuchar música.

El punto de inflexión es la aparición del formato mp3, el cual conseguía reducir el tamaño de un album a unos 60 megabytes, que es aproximadamente el tamaño de un sólo tema en calidad CD sin compresión, lo cual supuso un avance total a la hora de poder enviar música a través de la red, cuando las velocidades de conexión eran realmente irrisorias comparadas con las de hoy en día. Este formato ha sido revisado varias veces desde su aparición en 1995, mejorando su capacidad de compresión y logrando resultados de archivos 15 o 20 veces más pequeños que el original.

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Gracias a esto, webs cómo AudioGalaxy o programas cómo Napster permitieron a cada uno de los millones de usuarios de todo el mundo el que pudieran compartir sus colecciones musicales con el resto del planeta, concediendo así la libertad de poder hacer llegar la música de una parte del mundo a otra en minutos. Esto supuso que en el momento de mayor auge de estas dos plataformas de intercambio de mp3, fueran denunciadas por varias multinacionales de la música y perdieran todos los juicios a los que se enfrentaron. Aunque con el paso del tiempo no han dejado de surgir alternativas por todas partes y de todos los modos posibles.

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El mp3 no sólo generó juicios entre portales de internet y discográficas, también se consiguió dar un gran paso adelante en todos los dispositivos multimedia del mundo, consiguiendo arrebatarle todo el mercado a los walkman y discman en tan sólo unos años, gracias a que en una sola tarjeta de memoria podían ser transportados varios albums en formato mp3, mientras que los viejos dispositivos de audio portátiles tenían que limitarse a la duración del casete o la capacidad del cd, resultando ser mucho menos prácticos. Así los reproductores de mp3 portátiles llegaron al mercado arrasando, generando mucho dinero, tanto para los fabricantes, cómo para los organismos de regulación de propiedad intelectual gracias entre otras cosas a los cánones impuestos en la venta de este tipo de tecnología. El resto de esta historia lo conocemos todos: Apple, Creative, Sony e incluso Nokia (entre miles de fabricantes) coparon el mercado con cientos de dispositivos con los cuales reproducir audio donde quisiéramos y cuando quisiéramos.

La conclusión que puedo extraer de esta primer parte es que gracias al mp3 todo el mundo ha podido acceder a la música de una manera libre, pero ilegal de cierta manera. Gracias al formato desarrollado por Karlheinz Brandenburg, muchos músicos han podido ser reconocidos y no han tenido que depender de una sola discográfica para lograr el éxito. También esto ha influido a que muchas discográficas hayan padecido una época de crisis relacionada siempre por los medios con la piratería; pero nunca con la baja calidad del producto que editaban.

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