Scribus

¿Qué hago? ¿Me compro la costosa licencia de QuarkXpress o me paso al lado pirata de la vida? Esta pregunta se la hacen diariamente miles de diseñadores y maquetadores que, lejos de pertenecer a un gran grupo de comunicación, son simples estudiantes, ajustadillos freelancers, forman parte de una empresa casi unipersonal o pertenecen a alguna organización sin ánimo de lucro que necesita publicitarse lo más barato posible.

Para editar profesionalmente una publicación impresa, por muy humilde que ésta sea, necesitan comprarse un software que en el mejor de los casos vale 1.309,64 euros (Adobe InDesign CS3) y en el peor 1.349 (QuarkXpress 8).

No hay que ser muy sagaz para adivinar que la mayoría opta por bajarse una copia ilegal, con los riesgos que ello conlleva, aunque tampoco dramaticemos porque, al menos en España, que te multen por tener instalado software sin licencia en tu ordenador sigue siendo tan exótico como que te toque la lotería. Pero a veces ocurre; y más a menudo lo primero que lo segundo.

Hace años me embarqué en un proyecto editorial y traté de averiguar si existía alguna alternativa libre en el campo de la autoedición. Encontré un programita que por aquel entonces se desarrollaba únicamente en Linux y que respondía al nombre de Scribus. Prometía mucho pero no me servía porque trabajaba con Mac.

Ahora ha pasado el tiempo y la situación sigue siendo la misma: la única alternativa libre es Scribus. Pero el programa se encuentra disponible tanto para Windows como para Mac y ha mejorado una barbaridad.

Frente a otros proyectos de código abierto (me viene a la mente el incómodo Gimp), los desarrolladores de Scribus han primado su usabilidad, llegando a ser una aplicación muy intuitiva y sencilla para quien esté acostumbrado a QuarkXpress e InDesign.

Su interfaz es flexible y puede preparar los ficheros de trabajo para configuraciones de equipo de alta calidad gracias a unas funciones avanzadas dignas del programa comercial más completo del mercado.

La aplicación cumple todas las funciones que se le pueden exigir a una de su categoría (gestión del color, curvas béizer, guía de estilos...), con el añadido de que puede crear PDF con calidad de alta impresión, lo que también nos ahorraría el Acrobat Distiller.

La principal desventaja de Scribus es que no es compatible con archivos de los programas a los que pretende suplir, lo que dificulta la migración. Como compensación el formato de sus archivos, llamado SLA, está basado en XML. Esto significa que será posible abrir los ficheros de Scribus en otras aplicaciones de maquetación en el futuro.

Para los usuarios de Mac no todo son buenas noticias: como sucede en muchas aplicaciones de Linux que se adaptan a su sistema, la instalación es un tanto complicada.

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