La terraformación merece un punto y aparte en esta explicación, los planetas que nos vamos encontrando poseen diversos grados de habitabilidad y determinadas características en función de su situación, así nos encontramos con rocas heladas, gigantes gaseosos, yermos desiertos azotados por los meteoritos o pequeñas bolas de magma. Todos estos planetas están potencialmente preparados para recibir vida, solo tenemos que introducirles cambios en su estructura mediante diferentes herramientas (generadores de atmósfera, acondicionadores de temperatura) que lo hagan óptimo para la vida. Para completar el círculo solo tendremos que colocar una de nuestras colonias y crear un ecosistema con especies que hayamos abducido en otros planetas.

La relación con los planetas no pertenecientes a un Imperio es de diversos tipos, podemos encontrarnos planetas salvajes donde conseguir plantas, animales o antiguas reliquias o visitar planetas menos evolucionados donde podremos contactar (pacifica o agresivamente) con sus visitantes con las herramientas destinadas a tal fin, destacar dos muy curiosas: los círculos de las cosechas y un monolito negro que aparece al lado de las ciudades.

Pero no todas las herramientas estarán a nuestra disposición al comienzo de la partida, según vayamos avanzando por la fase, terraformando planetas, explorando, haciendo misiones, pactos o diezmando a nuestros enemigos, iremos consiguiendo medallas que nos garantizarán el acceso a nuevas herramientas: desde mejoras para la terraformación, armas capaces de destruir un planeta o motores que nos harán capaces de viajar por agujeros negros.

Este último estadio de Spore es virtualmente infinito, la galaxia es enorme y el fin último sería que nuestra especie la dominara toda, llegando incluso a visitar el mismísimo centro, donde todo se originó y donde se cuenta que nos espera una sorpresa.

Relacionados

Opiniones de los usuarios

Nos encanta escucharte ¿Nos dejas tu opinión?