ordenadores All in One con Ivy Bridge

Los All in One, o equipos Todo en Uno, llevan años compitiendo de tú a tú con los sobremesas por reinar en el hogar digital. Su impecable estética y su fácil configuración son algunas de sus bazas.

Los ordenadores personales llevan tiempo divididos en dos familias: los que se utilizan en una ubicación fija y los que podemos llevar a cuestas a cualquier parte. En la segunda categoría, los portátiles y los Ultrabooks son, con permiso de las tabletas, los reyes indiscutibles, mientras que en la primera podemos escoger entre la tradicional torre acompañada de un monitor (sobremesa), los mini-PCs o apostar en su lugar por los equipos Todo en Uno, que esconden tras la pantalla todos sus componentes y logran así una armonía estética sin parangón. Para colocarlos en el dormitorio, en el salón o en una oficina de cara al público en la mayoría de los casos basta con enchufar solo un cable para suministrarle corriente, mientras que teclado y ratón son inalámbricos (y a juego con el chasis).

Pero no todo son ventajas, ya que aunque son sobradamente potentes, sus posibilidades de ampliación se ven limitadas y aquí pierden frente a la versatilidad de un sobremesa típico. En el mejor de los casos, podremos ampliar la memoria RAM y el disco duro, pero difícilmente se nos permitirá añadir nuevos componentes. En este sentido, se parecen más a los ordenadores portátiles, con los que también comparten gama de tarjetas gráficas dedicadas (de menor tamaño que las de los sobremesa y por lo general también menos potentes).

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No obstante, las configuraciones actuales ofrecen capacidad de sobra, con procesadores de última hornada e ingentes cantidades de memoria y gigabytes de almacenamiento como para no necesitar recurrir a discos duros externos. Por otra parte, desde que llegaron los primeros Todo en Uno al mercado, su evolución no ha experimentado saltos espectaculares (más allá de algunos modelos con pantalla táctil o visión en tres dimensiones), algo que parece que cambirá con Windows 8 en cuanto a nuevos conceptos de diseño. Veamos pues en qué debemos fijarnos al adquirir un All in One.

 

Consejos de compra

En primer lugar, y al igual que con otro tipo de ordenadores, atenderemos al tipo de procesador incluido. La tercera revisión de los procesadores Intel Core (Ivy Bridge) es ya lo más habitual, ofreciendo un nivel de rendimiento a la altura de las expectativas. Puede que nos encontremos con modelos menos recientes que apuesten por la generación anterior (Sandy Bridge), cuya potencia también es satisfactoria y nos permitirán ahorrar unos valiosos euros sin comprometer en absoluto el resultado final.

Eso sí, en cambio, la GPU que integran (Intel HD Graphics 3000) es bastante inferior a la nueva Intel HD Graphics 4000, que se asemeja más a las tarjetas dedicadas de gama de entrada. En el caso de los procesadores para uso empresarial vCore, la gráfica suele ser una Intel HD Graphics 2500, a medio camino entre ambas.

No obstante, casi todos los fabricantes montan en sus configuraciones tarjetas propias de AMD o NVIDIA, que por lo general justifican el desembolso y añaden un plus para videojuegos o multimedia. En este caso, en la comparativa podrás consultar el rendimiento de cada una con el benchmark 3DMark 11, uno de los más completos al respecto.

En cuanto a memoria RAM, el mínimo aceptable debe ser 4 Gbytes para no tener problemas con Windows 7 o Windows 8, siendo lo más recomendable apostar por 8 Gbytes para olvidarse de ampliaciones. Las más modernas funcionan a velocidades de 1.600 MHz y exhiben un rendimiento superior a las de 1.333 MHz, con las que todavía conviven.

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Si nos centramos en el tipo de pantalla incluida, tenemos mucho donde elegir. Los modelos más asequibles suelen partir de 21,5”, mientras que los tope de gama llegan hasta las 27”, perfecto si nuestro interés es ver películas directamente en el All in One. La media del mercado, en cambio, es de 23” o 24”, suficiente para la mayoría de los usos. En todas ellas la resolución debería ser como mínimo HD (1.920 x 1.080 píxeles) para disfrutar de forma satisfactoria, siendo deseable más resolución cuanto más pulgadas tengamos.

Y en función de nuestras necesidades, o sobre todo si queremos sacar el máximo partido a las nuevas capacidades de Windows 8, el apostar por una pantalla táctil puede resultar interesante. Las más completas aportan 10 puntos de presión simultáneos para dar soporte a gestos multitouch avanzados. Como extra, aunque todavía sin despegar definitivamente (al igual que con los televisores de nueva hornada), tenemos la tecnología 3D, que encarece de manera considerable el producto y pasa más por un capricho que por una prestación irrenunciable.

Especial relevancia cobra la inclinación de la peana si nos decantamos por un modelo táctil, ya que cuantas más opciones de posicionamiento tengamos más cómodo nos será utilizarlo con las manos. Lo habitual en cualquier All in One es que, al menos, se inclinen unos 45°, mientras que otros son capaces de tumbarse por completo y llegar a los 180°, adoptando así una posición totalmente horizontal.

Para hacer honor a su nombre de «todo en uno», la inclusión de sintonizador de TV es otro aspecto de interés, en cuyo caso dispondremos además de mando a distancia para controlar cómodamente todas las prestaciones multimedia de la máquina. Así, reproducir vídeos y música se convierte en una experiencia idéntica a la de los electrodomésticos hasta hace poco omnipresentes en cualquier hogar. Y, al hilo de esta vertiente, también recomendamos probar los altavoces integrados antes de la compra para ver si el sonido nos complace.

 

Conectividad y almacenamiento

Otra característica en la que conviene fijarse es en la disposición de los cables. Como hemos adelantado, los AiO se decantan por lo inalámbrico, tanto para conectarlos a la red como para interactuar con el teclado y el ratón (gracias a los infrarrojos, Bluetooth o WiFi), con lo que basta con enchufarlos a una toma de electricidad y listo. En este caso, si el transformador está integrado en el chasis, quedará todo más limpio y ordenado.

En materia de conectividad, ya es imprescindible la presencia de al menos un par de puertos USB 3.0, mucho más veloces que los de tipo 2.0 y plenamente compatibles, así como disponer de algunos de ellos en un lateral de la pantalla y no todos en la parte trasera (con lo que nos resultará más sencillo conectar llaves USB y otro tipo de periféricos de manera puntual, sin tener que buscar la entrada a ciegas). En algunos casos, además, se incorporan salidas o entradas de vídeo con las que poder replicar la pantalla o incluso llegar a utilizar el monitor de forma independiente con otro ordenador.

Por último, los discos duros tradicionales siguen siendo la opción predominante, aunque ya hay fabricantes que los combinan con pequeñas unidades de estado sólido (SSD) para que el sistema operativo se ejecute de forma más fluida. 1 terabyte es un buen punto de partida para poder almacenar archivos sin quedarnos cortos, mientras que en el caso de incorporar disco SSD, 32 Gbytes es el mínimo con el que complementarlo. Al contrario que con los portátiles y Ultrabooks más avanzados, todavía es raro encontrar modelos que apuesten de forma exclusiva por el almacenamiento Flash.

 

Conoce las pruebas realizadas por PCA Lab

Para comparar todos estos All in One entre sí con la mayor precisión y homogeneización posible, lo primero que hicimos fue descargar e instalar todas las actualizaciones del sistema disponibles en ese momento, abarcando tanto los parches de Windows como los controladores más recientes.

En cuanto a benchmarks utilizados, hemos recurrido a los habituales en el Laboratorio de PC Actual: PCMark 7, 3DMark 11, SiSoft Sandra 2012 y los valores reflejados en el apartado Experiencia de Windows, incluido en los sistemas operativos de Microsoft desde la llegada de Windows Vista. Con ellos, hemos podido conocer de forma numérica el rendimiento global de la máquina, su potencia gráfica y los componentes presentes en cada configuración de forma detallada.

El más importante de todos ellos es PCMark 7, una de las pruebas más utilizadas para medir el comportamiento general del equipo con tareas habituales, desde ofimática a navegación por Internet, edición de imágenes o reproducción de video, entre muchas otras. En concreto, durante su ejecución se generan escenarios reales que recrean esas condiciones de forma fidedigna, poniendo a prueba el comportamiento del procesador, memoria RAM, disco duro y el resto de componentes internos.

Al finalizar, se obtiene un valor global, que cuanto más elevado sea, mayor rendimiento implica. En esta ocasión, y pese a estar ya preparado para ejecutarse bajo Windows 8, no pudimos completar la prueba en el equipo de Sony, ya que todavía existen algunas incompatibilidades con el nuevo sistema operativo que se irán puliendo en sucesivas semanas, relacionadas con ciertos controladores de Intel.

Con la Experiencia en Windows se muestran unas puntuaciones mucho más genéricas y que vienen a guiarnos «sobre el papel», recurriendo a la base de datos de Microsoft para puntuar de 0 a 7,9 distintos apartados: procesador, memoria, gráficos, gráficos de juegos y disco duro principal. El valor más bajo obtenido en cualquiera de ellos es el mostrado en el campo general. Aquí, con el AiO de Dell no fue posible conocer tales datos, por un problema de comunicación con el disco duro.

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Pruebas gráficas y de componentes

De la mano de PCMark va 3DMark 11, también obra de Futuremark y encargado en este caso de medir la capacidad gráfica y su uso con videojuegos y renderizados. Es plenamente compatible tanto con gráficas dedicadas con DirectX 11 como con la GPU integrada en los procesadores Sandy e Ivy Bridge (Intel HD Graphics 2500, 3000 y 4000). Con todos los ordenadores lo hemos ejecutado en modalidad Performance, centrada en registrar el rendimiento bajo condiciones equilibradas con valores medios. La puntuación final obtenida equivale a una mayor potencia.

Por último, con el clásico SiSoft Sandra 2012, disponemos de una valiosa herramienta para analizar cada componente y su comportamiento de forma aislada. En este caso, seleccionamos una serie de pruebas relacionadas con el procesador (potencia de cálculo y rendimiento multimedia de la CPU), la velocidad de transferencia del disco duro y el ancho de banda de la memoria RAM.

Ya centrados en el diseño y la construcción del equipo, a la hora de puntuar cada máquina en nuestros análisis también hemos valorado que la pantalla fuese táctil o no, que se incluyese gráfica dedicada, la presencia de sintonizador de TV y la capacidad de la peana para inclinarse, entre otros factores.

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Ordenadores All in One analizados

 

La opinión de PC Actual: Capaces en todos los escenarios

El principal reclamo de los All in One, tal y como reza su nombre, es el de tener todo lo necesario en un único equipo, aunque la aparición de las tabletas y su excelente complementación con smartphones y portátiles constituye una alternativa interesante y más versátil. Cuando necesitamos movernos, el tándem de estos tres últimos productos gana a un sobremesa o AiO, mientras que en el hogar cada vez pasamos más tiempo enganchados a ellos y los podemos conectar sin problemas al televisor o a un monitor externo, sin ir más lejos.

Dicho esto, la inclusión de los procesadores Core de tercera generación de Intel, Ivy Bridge, supone un empujón importante en términos de rendimiento para cualquier ordenador, y los All in One no son una excepción. Podemos verlo claramente al comparar los cinco equipos analizados que lo incorporaban frente al modelo de MSI (todavía basado en Sandy Bridge): aunque este último es más asequible, la potencia global es un tercio inferior y, si no precisamos de sintonizadora de TV o gráficos dedicados para jugar a videojuegos, por unos 200 euros más podemos hacernos con el que mejor rendimiento ha obtenido en nuestra comparativa: el Dell OptiPlex 9010 AiO, un PC de excelente diseño, calidad y solvencia, que si bien está especialmente pensado para uso en empresas, también puede tener su hueco en nuestro hogar (sacrificando capacidad gráfica, eso sí).

Pero, si hay un producto que ha llamado nuestra atención, ese ha sido el VAIO Tap 20 de Sony: original, portable e incluso convertible en tableta, es una solución perfecta para utilizarlo como ordenador al uso junto a teclado y ratón en una habitación y moverlo fácilmente al salón para ver una película en cualquier momento. Y todo ello, como no podía ser de otra forma, sacando partido de las nuevas posibilidades que trae consigo Windows 8.

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Rendimiento satisfactorio

Por su parte, quienes busquen un All in One al uso destinado a convertirse en el corazón de nuestro hogar digital, acertarán al apostar por las propuestas de Acer, Asus y HP. Son máquinas impecables, con componentes a la última y calidad de ensamblaje de sobra, además de contar todos ellos con enormes pantallas de 27”.

Las diferencias radicarán en si queremos ver la tele en ellos o no y en si vamos a necesitar que su control sea táctil, algo interesante para aprovechar el nuevo sistema operativo de Microsoft (al que, por cierto, podemos actualizarnos pagando 14,99 euros tras la compra de un equipo con Windows 7 hasta el 31 de enero de 2013; incluso muchos fabricantes ofrecen este cambio gratis).

En cuanto a lo que podemos hacer con ellos, prácticamente pueden enfrentarse sin problemas a cualquier escenario actual, aunque bien es cierto que a un precio mayor que el de los sobremesas, sacrificando las posibilidades de ampliación de estos y también con una capacidad inferior. Es más: si el mes pasado en nuestra comparativa de Ultrabooks algunas de esos portátiles de nuevo cuño (increíblemente ligeros y con diseños deslumbrantes) sobrepasaban los 5.000 puntos en PCMark 7, en este caso, y con un desembolso similar, el tope se ha quedado en unos 3.800.

 

Lo mejor: Diseño exquisito

En aquellos lugares en los que queramos optimizar el espacio o busquemos un equipo que quede bien de cara al público, los All in One son prácticamente imbatibles: prescinden de la tradicional torre junto a la pantalla, basta con conectar un cable (o, en su defecto, un transformador externo) y ofrecen pantallas de gran tamaño.

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Lo peor: Configuración cerrada

El no poder ampliar poco más que la memoria RAM y el disco duro (en el mejor de los casos) puede resultar algo frustrante, sobre todo si pretendemos amortizar la inversión más allá de los tres-cuatro años de vida inicial, pero también cabe añadir que con uno o dos terabytes de almacenamiento y 8 Gbytes de memoria, no es algo especialmente preocupante.

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