Tecnología ‘educativa’, ¿un arma de doble filo?

La pantalla de un portátil muestra a un niño leyendo
Apps, tabletas, juguetes inteligentes y pizarras interactivas. La inclusión de la tecnología en el ámbito educativo puede constituir un arma de doble filo

El taconeo de sus zapatos se aproxima por el pasillo, los gritos se vuelven murmullos y, cuando entra, la expectación se palpa en los pupitres. Con un seco movimiento, baja decidida la pantalla de la parte superior de la pizarra y se saca un pequeño proyector del bolsillo, lo acopla a su smartphone y, entre tanto, nos dice: -¿Chicos, habéis mirado el tema que colgué anoche en la Intranet?- Si bien tal descripción forma parte de la cotidianidad de muchos niños, es evidente que, en lo que atañe a las nuevas tecnologías y a la educación, se ha producido un cambio generacional palpable.

Captura de pantalla de un OLPCCaptura de pantalla de un OLPC

Las TIC al servicio de la educación

Así, los instrumentos y posibilidades que ofrece la techducation son múltiples y variados, tanto, que abarcan desde los convencionales ordenadores y pantallas, hasta los proyectores de bolsillo, las tabletas, las pizarras interactivas, las apps y las plataformas online en las que el docente sube el temario, entre otros.

 

 

Ahora bien, no podemos olvidarnos de una parte más lúdica: la de los juguetes inteligentes y los videojuegos. Estos primeros tienen una cabida singular en las etapas preescolares; y qué mejor ejemplo que el de la línea de juguetes interactivos Cognitoys recién lanzada por Elemental Path, cuyo primer representante es un simpático dinosaurio de color verde pistacho que se alimenta de uno de los ordenadores más potentes del mundo: el Watson de IBM. El dispositivo es capaz de detectar la voz del pequeño, responderle según su edad y descubrir sus habilidades. Contar cuentos y construir una historia con él son otras de sus especialidades. Eso sí, no es único en su especie: Osmo y Lego Fusion tampoco se quedan atrás.

 

En cuanto a los videojuegos, resultan de gran utilidad, pues incrementan ciertas capacidades cognitivas y respuestas motoras, y favorecen la sociabilización del menor (siempre que se usen con moderación–no más de tres horas, tiempo a partir del cual provocaría efectos nocivos- y según los resultados de un trabajo realizado por la Universidad de Oxford). Afortunadamente y aunque todavía encontramos quien piensa que engendran niños violentos, los padres jóvenes se muestran menos reacios a que sus “peques” los gasten. De hecho, el informe Padres y Videojuegos Hoy realizado por la consultora Metrixlab y publicado por la Asociación Española de Videojuegos (AEVI), pone de manifiesto que aquellos padres que juegan habitualmente tienen una percepción del asunto totalmente diferente de los que no lo hacen. Un 82% de ellos opina que los videogames incrementan la actividad mental, un 68% que los juegos en familia favorecen la motivación, y hasta un 40% afirma usar herramientas educativas  basadas en videojuegos con la intención de mejorar el aprendizaje de sus hijos.

 

Por otra parte, se ha cuestionado la influencia de las TIC en la concentración, en concreto aquello que atañe a las consecuencias a la hora de lograr que los más pequeños sean capaces de mantener la atención continuada sobre un determinado asunto cierta cantidad de tiempo. En declaraciones a Malavida, la maestra de primaria y periodista Mar Teruel afirma que los nuevos dispositivos le ayudan a “captar la atención” de sus alumnos, “acostumbrados a una velocidad de consumo y de estimulación exterior que la propia introducción de la tecnología en su día a día conlleva”. “Si los gadgets forman parte de la vida, ¿por qué no incluirlos en el sistema de aprendizaje para normalizar y volver más familiares los contenidos?”, se plantea. Por supuesto, no pueden perderse de vista parámetros tan sencillos como la habituación, la edad de propio niño y la alternancia con otros métodos tradicionales igualmente válidos. En la misma dirección apunta la docente Ana Espinosa, que nos cuenta que “es necesario concienciar y sensibilizar a la comunidad educativa de la inclusión de la tecnología en las aulas”. “Son solo un utensilio más de trabajo que los docentes deben saber aprovechar”, concluye.

Captura de pantalla de la web EduappsCaptura de pantalla de la web Eduapps

Evidentemente, y como cualquier herramienta en manos poco apropiadas, el empleo de la tecnología por parte de los menores, tanto en el ámbito de la educación como en general, lleva aparejado ciertos términos como ciberacoso, groming, sexting etcétera. Incluso y muy a nuestro pesar, los últimos informes relacionan el abuso de esta clase de dispositivos con la obesidad infantil.  

Padres sobreprotectores, una mala idea

Al respecto, el papel de la familia es innegable. Pero no nos estamos refiriendo a convertirse en un “padre helicóptero” y sobreprotector ni a entrar en ese bucle paranoico en el que muchos se han adentrado sin siquiera sospecharlo. Los wearables no se inventaron con el objetivo de localizar a los benjamines de la casa, ni las redes sociales para averiguar si nuestra hija adolescente tiene dos novios a la vez. Empleemos el sentido común. Proteger a los más pequeños resulta fundamental, sí, pero establezcamos un límite claro entre el morbo, la curiosidad, y la invasión de la privacidad en las TIC. De hecho y según nos explica la psicóloga clínica Amparo Cervera “piratear la vida de los menores podría, incluso, crear problemas de comunicación entre ambas partes”. “Lo ideal es que el tutor proporcione al pequeño aquellas herramientas necesarias y le enseñe a gastarlas de un modo seguro, confiando en él y en sus capacidades”, remarca. Su formación (no solo como usuario sino también como conocedor de filtros y similares) resultará fundamental al respecto.

Captura de pantalla del juego OsmoCaptura de pantalla del juego Osmo

En definitiva: si bien el uso excesivo y/o inadecuado de la tecnología en el entorno educativo puede llevar aparejados diversos problemas, lo cierto es que los nuevos dispositivos abren un mundo de posibilidades a los docentes y escolares, permiten la personalización del aprendizaje, la aproximación del conocimiento a los niños y un largo etcétera que llevará aparejada una necesaria adaptación de la comunidad, no solamente en cuanto a los recursos que se destinen en esta materia (no bastará con dotar a los colegios de ordenadores), sino también en lo que atañe a aprender a sacarles el máximo partido con un abordaje apropiado e inteligente.

El crecimiento de este mercado y el lanzamiento de sensores inteligentes, cascos de realidad virtual y otras innovaciones no harán más que evidenciar la urgencia de este cambio prácticamente forzoso. La inclusión de la eBoard y la Galaxy Tab 4 Education de Samsung en la feria de educación BETT 2015 (celebrada a finales de enero) respaldan nuestras afirmaciones.

Para acabar, os dejamos con una joyita de Paulo Freire sin otra pretensión que la de que reflexionéis: “Enseñar no es transferir conocimiento, es crear la posibilidad de producirlo”. ¿Acaso la tecnología no facilita precisamente esto?

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