El microfilme: de la guerra franco-prusiana a un futuro posnuclear

Rollos de microfilmes modernos
El microfilme tiene un origen digno de película. Estas pequeñas láminas han sobrevivido casi dos siglos como un invento en uso y siguen demostrando que pueden ser una fuente de información perpetua gracias a su facilidad de manejo y duración

Misterio e intriga. Probablemente sean dos de las palabras que una persona piense al leer algún texto sobre microfilmes. Pese a ser un invento de hace dos siglos, esta película acabó formando parte de la identidad cultural del planeta gracias a su sobreexposición en películas. Girando siempre en torno a las temáticas de espionaje o bélicas, el microfilme fue cultura pop desde la Segunda Guerra Mundial hasta bien entrada la Guerra Fría. Su origen, no obstante, no es una película de espías, pero sí nos muestra el que fue uno de los canales de comunicación más importantes del Siglo XX.

¿Qué es un microfilme?

A los millenials probablemente les suene algo extraño. Incluso las personas que superen los treinta años los han utilizado poco y en lugares muy concretos, como las bibliotecas. Este sistema, muy parecido a los carretes de fotografías en su forma, es un sistema de archivo, gestión y difusión documental. El objetivo prioritario es el de obtener una reproducción exacta del documento original sobre un soporte fotográfico. Cada una de las láminas muestran, por lo tanto, una o varias imágenes que se proyectan en ese soporte. Ha evolucionado poco desde su nacimiento, pero sigue siendo un método complementario a la digitalización a la hora de copiar documentos.

Un ejemplo de microfichas expuestasUn ejemplo de microfichas expuestas / [Frédéric BISSON] editada con licencia CC 2.0

El origen del microfilme

Todo comienza en 1839, el mismo año en que Louis Daguerre toma una fotografía de la Luna y Charles Darwin se casa con su prima Emma Wedgwood. John Benjamin Dancer suele combinar en aquellas fechas el invento del que todos hablan, el Daguerrotipo con los artículos que le proporcionaba la empresa familiar de óptica. Comprendió que podía reducir el tamaño de las imágenes grandes en una proporción 160 veces menor. El resultado fue, tal cual, la primera lámina de microfilme. Estos experimentos fueron el origen de otra variante en la, por entonces, incipiente industria de la imagen: la microfotografía. También pudo revertir su experimento, y era usual que consiguiera aumentar pequeñas imágenes a Daguerrotipos de quince centímetros. Eso sí, ser el primero en trastear con una nueva tecnología no significa que vayas a ser el único exponente de ella. En 1859 fue René Dagron el que patentó la idea y, todo sea dicho, mejoró notablemente la tecnología y el estandarizado del proceso.

La guerra, siempre la guerra

Como en tantos otros inventos de la historia. Fue la guerra el motivo por el que el microfilme se utilizase por primera vez de manera global, y con éxito. El conflicto franco-prusiano fue el escaparate perfecto para el uso de esta novedosa utilidad. Era una época en que la tecnología eléctrica apenas existía y los altos mandos de Francia debían contactar con el campo de batalla, ya fuese para dar nuevas órdenes o para mandar información útil. Se utilizaban palomas mensajeras lanzadas directamente de globos aerostáticos, pero las notas (textos, fotografías, etc) pesaban demasiado para el animal.

ASí se enviaban las palomas mensajeras en la Guerra francoprusianaASí se enviaban las palomas mensajeras en la Guerra francoprusiana / [Don O`Brien] editada con licencia CC 2.0

Es por ello que Dagron se dirigió al director de correos, Germaine Rampont-Lechin para enseñarle esta forma de comunicación que permitiría introducir en apenas un par de centímetros más información que en varias hojas. Dagron crearía diminutas fotografías de documentos microfilmados que se introducirían en pequeños tubos atados a las patas de las palomas, (esto no lo inventó Juego de Tronos). Como eran visibles siendo proyectadas con el simple uso de una linterna, los combatientes podían recibir grandes cantidades de información con una sola paloma.

Pero toda buena historia tiene un giro inesperado. Mientras volaba en globo, las fuerzas de Prusia dispararon a la tela y cayeron, casi cae en manos enemigas. Pudo huir y se escondió en la ciudad de Tours, donde conoció a un químico, Charles Barreswil, que intentaba enviar diminutas fotografías con las palomas. Juntos pudieron mejorar todavía más el envío de información, pues consiguieron disminuir documentos a tamaños minúsculos (11x6 milímetros). Así cada paloma podía llevar más de 20 hojas de información. Se crearon más de 150.000 láminas durante la guerra. Pero la contienda siguió y los prusianos combatieron estas aves llevando halcones para derribar las palomas con documentos. Tecnología para contrarrestar tecnología, en pleno Siglo XIX.

Los almacenamientos de microfilmes hoy en díaLos almacenamientos de microfilmes hoy en día / [Luke McKernan] editada con licencia CC 2.0

La hora de las bibliotecas y los mass media

Ya en 1906 las bibliotecas empezaron a hacerse populares entre el público de masas gracias, en gran parte, a la incorporación del microfilme para la consulta de datos y, además, ahorrar espacio. Fue en 1913 cuando se popularizó más allá de Europa, momento en que Paul Olet y Robert Goldschmidt presentaron la técnica en la reunión anual del American Library Institute. Fue en los años treinta cuando el microfilme se extendió de manera exponencial. Publicaciones como The New York Times los empezaron a utilizar, así como la Universidad de Harvard muchas bibliotecas de todo el mundo. Su uso fue el mismo que hoy, era una manera de preservar periódicos viejos y recuperar información ya perdida en papel.

Una máquina de microfilmes antiguaUna máquina de microfilmes antigua / [Mace Ojala] editada con licencia CC 2.0

Un invento del pasado para un futuro posnuclear

Hoy en día Internet y las bases de datos digitales han sustituido a las máquinas de visionado de microfilmes, pero no debemos olvidar la vida útil de estas láminas. No es un invento perfecto, pues las imágenes no se pueden comparar a la alta resolución actual. Las máquinas de visionado son grandes y lentas a la hora de encontrar información y su interfaz es tosco. Eso sí, pueden aguantar cientos de años y se pueden visionar con las técnicas más simples (como la luz filtrada). De esta manera, mientras CD-Roms o el Blu-ray necesitan aparatos complejos para reproducirse, al igual que lo almacenado en la nube. El microfilme, en caso de desastre nuclear (por ejemplo) y una vuelta a la edad de piedra, sería una de las pocas vías de visionado de información sobre el pasado que se pudiese consultar. Un invento del pasado que podría seguir teniendo un hueco dentro de décadas.

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