Tamagotchi rosa de las primeras ediciones

El ser humano tiene por instinto el deseo de repartir su amor: amor a la familia, a los amigos, a los animales… y también a sus mascotas digitales. ¡Amor para todos! Lo que algunos han visto como majadería, para otros ha sido una auténtica obsesión.

La historia de las mascotas digitales recorre desde el boom de los Tamagotchis (aunque no fueran los primeros), hasta el reciente éxito de acompañantes para móviles como POU.

Tamagotchi

Como su nombre indica, los Tamagotchi llegaron al mercado como unos cacharros con forma de huevo (tamago en japonés) y albergando en su interior unas criaturas digitales que nos necesitaban para todo: comer, lavarse, jugar, dormir… y debíamos cuidar de todo ello solo con tres botones.

Bandai puso a la venta los primeros en 1996 y rápidamente se convirtieron en todo un éxito.

El Tamagotchi nos tenía esclavizados, pendientes de limpiarle las veces que hiciera falta para que no enfermara, darle de comer (no siempre el caramelo) cuando tuviera hambre, jugar con él para que fuera feliz y mandarle a la cama para que tuviera sus horas de sueño. Y lo peor era que éramos unos esclavos encantados, tanto que se ha convertido en una saga que pasó de presentarse en su propio hardware a dar el salto a consolas como Game Boy, PlayStation, Nintendo DS e incluso a móviles. También en PC.

¡Qué nostalgia! ¡Y qué depresión cada vez que se nos moría tres veces por semana! Creo que puedo afirmar sin miedo a equivocarme que todos hemos tenido uno de estos huevos japoneses colgados de la cintura, entre las llaves o escondidos en el bolsillo, o en su defecto alguna de sus imitaciones chinas.

Del Tamagotchi surgieron franquicias tan importantes hoy como por ejemplo los Digimon, que tras su propia versión, dieron el salto en forma de figuras y una popular serie de anime (emitida durante bastante tiempo por TVE).

AIBO, Furby y Nabaztag

Mientras que el Tamagotchi era una pulguita que se asomaba por la pequeña pantalla de un huevo, otras mascotas digitales han ido más allá, como AIBO, Furby o Nabaztag.

Furby de Tiger (Hasbro)Furby de Tiger (Hasbro) / Vox Efx editada con licencia CC BY-SA 2.0

En un afán por representar mejor el concepto de mascota, Sony y Hasbro presentaron a finales de los 90 los Aibo y los Furby, y más adelante conoceríamos a los Nabaztag, de la mano de Violet. Todas estas mascotas digitales se diferencian del Tamagotchi por un lado en tamaño, ya no son para llevar encima a todas partes y por otro, en una mayor interacción que llevaba a algunos incluso a cumplir funciones para nosotros; no son solo espectadores de nuestros cuidados.

Tiger (Hasbro) lanzó el primer Furby en 1998. El muñeco era un híbrido suave entre un gato y un búho (extraterrestres) que va “aprendiendo a hablar nuestro idioma” a medida que lo escucha. Como mascota a nuestro cargo, incluía una cuchara con la que darle de comer. Aunque parecía tener inteligencia, estaba programado para ir abandonando el furbish y hablar en el idioma de su configuración poco a poco. Y poco más.

Sony ofreció con los AIBO unos perritos robot. Adorables, pero tan poco útiles (en el ámbito casero) como el resto de mascotas digitales, y encima caros. Los AIBO comenzaron a comercializarse en 1999 y su producción duró hasta 2005. Los primeros modelos contaban con procesador de 64 bit a 50 Mhz, 16 MB de RAM, sensores táctiles en la cabeza y las patas, movilidad en cabeza, boca, patas y cola, cámara CCD a color, infrarrojos, leds de colores, micrófono, batería de litio y lector de Memory Stick. Ahí es nada.

Nabaztag y AIBONabaztag y AIBO / jeanbaptisteparis editada con licencia CC BY-SA 2.0

Los Nabaztag llegaron bastante después de los dos anteriores, ya en 2005, y tenían una misión muy clara: convertirse en nuestro asistente personal, nuestro puente entre el mundo real y la red. Estos cacharros con forma de conejo (su nombre proviene del armenio “liebre”) se conectaban a internet por WIFI y podían acceder a nuestro correo electrónico y nuestras páginas favoritas. De esta manera, podían avisarnos cuando recibíamos nuevos emails y leer para nosotros las novedades de las webs que más nos interesaran.

Los Nabaztag (y los Nabaztag:tag) podían reproducir música también, incorporaban una alarma y estaban atentos a la meteorología de la zona. Además, su cuerpo se iluminaba y sus orejas podían moverse e intercambiarse por otras de colores. Hablamos en pasado, porque la producción de estos cacharros no duró mucho, y los servidores oficiales para los que se habían vendido, hace tiempo que cerraron. Los problemas que daban y sus limitadas funcionen no parecían compensar con el precio de venta.

Mascotas web y fiebre en Facebook

Sabemos que en internet hay de todo, por eso no os descubrimos América al decir que también hay mascotas digitales-virtuales esperando en páginas web a que nos hagamos cargo de su bienestar. Los grandes ejemplos de esta locura son Pet Society o la adopción de mascotas virtuales para blogs.

Pet Society en su llegada a Facebook fue una auténtica locura. Se nos fue la cabeza peinando y saltando a la comba con nuestra mascota digital, pero es que era realmente adictivo: cuantos más saltos, más toques con el balón o más cepillados, más dinero podíamos ganar y más muebles podíamos permitirnos para crear auténticos horror vacui de casas que fueran la envidia de nuestros “vecinos”. Ahora la aplicación no funciona, pero tiene a más de cinco millones de usuarios apuntados a su grupo.

Menos sentido tuvo la moda de adoptar una mascota para colocarla en la barra lateral de nuestros blogs personales, como por ejemplo seguimos viendo en Bunny Hero Labs. Para los que no tuvieron un blog personal a principios de los 2000 puede parecer extraño, pero era característico rellenar la columna lateral con todo tipo de de información: tu foto, tu comida favorita, tu número de zapatilla, banners de tus series favoritas y por supuesto, adoptar mascotas (e intercambiarlas) con otros bloggeros.

Infección en el escritorio de Windows

Las mascotas virtuales no se conformaron con tamagotchis (y copias) o muñecos digitales como los que hemos visto, también han conquistado los escritorios de Windows. Los ejemplos de personajes de anime son interminables, porque a quién no le gusta que Ranma, Naruto o Rei Ayanami le acompañen mientras consulta el correo, retoca sus fotos o ve series. Pero no solo de los ídolos japoneses viven las mascotas de escritorio (shimejis), también podemos descargar otras como MOU, un claro homenaje al conocido amigo virtual para móviles con el que cerramos este repaso, y que como este, necesitará de todas nuestras atenciones para sobrevivir.

De vuelta al bolsillo: POU

Las aventuras de las mascotas digitales anteriores (y otras similares), no tuvieron el éxito esperado, y como la moda es cíclica y siempre vuelve, pues ha sido inevitable que el espíritu del Tamagotchi se apodere de nosotros de nuevo, esta vez en forma de aplicaciones para móvil. Así, apps como POU, con un planteamiento similar al huevo nipón pero que no necesita de hardware específico, se ha hecho un hueco en millones de móviles de todo el mundo.

En POU estás al cargo de una horrible mascota similar a una patata, cuidándola como si fuera real. Para ello, tenemos cocina, cuarto de baño, cuarto de juegos, laboratorio, dormitorio, sala de estar y patio... ¡Sí, el bicho vive mejor que tú! POU está cargado además de minijuegos y la posibilidad de repetir frases que escucha del usuario. No es el único que encontramos para móvil, en Android, iOS y Windows Phone hay mucho para elegir, como la simpática mascota Cthulhu homenaje a LoveCraft.

Sin embargo, no os creáis que estas modas nacen en la era digital. Ya en los setenta, la humanidad buscaba el cariño lejos de sus semejantes, y se lanzaron al mercado cosas tan curiosas como las coleccionables Pet Rock, piedras-mascotas que lo único que eran capaces de hacer era poner ojitos de locas. Mirad qué monas, y ni gastan pilas ni se mueren.

Katy editada con licencia CC 2.0

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