Población de la Habana, Cuba

En los arcades de los ochenta comenzó el adoctrinamiento y el odio a lo que representaba el comunismo. Hoy seguimos recibiendo estos mismos mensajes a modo de flashback. EE.UU atiza a Rusia y a China, y ellos responden hacia Occidente, al igual que el Oriente Medio. La guerra que viene no es nuclear, es desprestigiar al contrario, y los videojuegos son un medio perfecto para ello. La época de los dos grandes bloques ha pasado a la historia pero, pese a que ya no hay una identificación tan clara en ellos (capitalismo y comunismo, tal cual), se abren nuevos frentes en los medios para adoctrinar el pensamiento hacia otro país o cultura que sea rival.

China es la nueva URSS y Rusia es la nueva Rusia, siempre presente. No necesitamos que a día de hoy nos hablen de lo peligrosos que son esos bandos, pero si en un medio perenne como el de los videojuegos se replantea el pasado a imagen y semejanza de quien lo escribe, seguirá habiendo adoctrinamiento.

Estados Unidos, debido a su condición de país más poderoso del mundo y por tener un tejido de industria lúdica más avanzado, es el principal canal de información que recibimos en el resto del mundo. Son productores también de buena parte de los videojuegos más sobresalientes o con más ventas, por lo que su mensaje no es comparable a lo que viene de Oriente y Asia.

Comunismo en los videojuegosComunismo en los videojuegos

Los años ochenta: Stallone, Schwarzenegger y los Bad Dudes

Ronald Reagan es el azote del comunismo en todo el mundo. Él y Margaret Thatcher representan a Occidente, el bloque de la libertad y la democracia mientras dirigen en la URSS y sus aliados todas las miradas negativas. Es la época de la guerra de Afganistán, donde murieron entre 600.000 y dos millones de personas, más de cien mil rusos entre ellos.

El agonizante bloque rojo recibía de las industrias culturales toda clase de azotes en forma de películas, obras de teatro y discos de música. Los videojuegos fueron una de las partes más exportables gracias a los recreativos, el PC y las consolas de sobremesa. Como puñetazos cargados de esteroides, tal y como en el cine hacían Sylvester, Arnold y compañía, uno de los géneros más en forma de la época, el del beat'em up, sirvió para destrozar todavía más la imagen del bloque comunista.

Bad Dudes vs DragonNinja (1988), Double Dragon (1987), Streets of Rage (1991) o Final Fight (1989) son videojuegos sin un acento político muy marcado, pero sí representan al modo del cine de la época, esa dureza de las calles americanas, repletas de prostitución y drogas, donde los punkis y las bandas de estética similar a los Panteras Negras, con proclamas izquierdistas, dominan las calles. Es ahí cuando los protagonistas deciden acabar con la basura que puebla el downtown.

Nuevas muestras de politización

A partir de los noventa, con la URSS desaparecida, se vive un momento de relajación en los valores occidentales de las industrias culturales. Pese a ello, siempre encontramos algunos ejemplos que, desde la distancia de saber que el conflicto no armado a finalizado, siempre es necesario asentar las bases de la Historia conforme el comunicador quiere. Command & Conquer: Red Alert (1996), al margen de ser un juego soberbio y que juega con ideas de scifi y de serie B, no deja de plantear un mundo en el que el III Reich no ha existido y por ello los comunistas se lanzan a la conquista del planeta. No deja de ser una idea descabellada y distópica, del agrado de muchos jugadores aunque los términos fueran los contrarios, pero la realidad que muestra es que la II Guerra Mundial fue un paso necesario para que la URSS no se desatara.

Del mismo modo que el juego de Westwood, hay otros títulos más recientes que simulan una invasión comunista a Estados Unidos, por lo que el jugador deberá defender la tierra de la libertad heroicamente. World in Conflict (2007), Freedom Fighters (2003) y Homefront (2011), aunque en este caso es Corea del Norte la invasora; son otras muestras de la representación de lo comunista como negativo, algo muy arraigado ya en EE.UU y, con sus productos culturales, en el resto del mundo occidental.

La imagen lo es todo: Tropico, Cuba y una Rusia decadente

Representar una idea negativa de algo es tan importante como combatirla. En clave de humor, Tropico (2001) es un juego de gestión estratégica en la que somos los “dictadores/presidentes” de una república tropical (Cuba). Debemos hacer lo que sea necesario para avanzar en las misiones y mantener a la ciudad portuaria viva, ya sea acceder a todas las presiones de la URSS, ser corrupto, negar la comida a la población, etc. Papers Please (2013), o la aventura gráfica KGB (1992) son excelentes videojuegos sin una carga demagógica muy grande, tampoco política (pero sí social). Pese a ello, la representación de un país ficticio de Europa del este en el título de Lucas Pope es desoladora. KGB nos traslada a una recién estrenada Rusia en la piel de un capitán que deberá detener una conspiración militar que quiere traer de nuevo el yugo de la URSS y derrocar a Gorbachov.

Call of Duty como punta de lanza

La serie de Activision, como casi todos los shooters bélicos, han tratado la historia desde el bando de los occidentales, es por ello que al viajar a Pripyat en Modern Warfare (2007) nos encontramos una ciudad desastrosa y además, debemos combatir a enemigos que siguen representando a los rusos. Black Ops (2010) nos permite acabar con Fidel Castro de un disparo en la cabeza. Una misión que realizamos con éxito y que, hasta más avanzado el juego, no nos damos cuenta que no todo es lo que parece. El problema no es poder matar a Castro, es un videojuego y si los creadores lo creen oportuno, no debe ocurrir nada. La problemática llega en el momento en el que muchos sectores de la sociedad estadounidense se echan las manos a la cabeza por la subjetiva visión de otros juegos denominados por algunos sectores como anticapitalistas o de izquierdas que describimos a continuación.

Guerra Moderna en los videojuegos Guerra Moderna en los videojuegos

La otra cara de la moneda: Juegos anticapitalistas y de izquierdas

Por contra, hay videojuegos creados por el bando contrario con el fin del adoctrinamiento. China creó la respuesta del America's Army (2002), un videojuego creado por el ejército de Estados Unidos para mejorar la visión de las distintas armadas entre la juventud y aumentar el alistamiento. A EE.UU le sirvió, pero a China todavía más: The Glorious Mission es un calco al videojuego occidental y cuenta con millones de jugadores en toda Asia.

Pese a las muestras pretendidamente ideológicas, hay juegos de Occidente que son tachados de izquierdistas como Bioshock (2007) y Bioshock: Infinite (2013), que enaltecen la actuación del Gobierno en la vida cotidiana (pese haber otras corrientes ideológicas dentro del mismo título que aseguran lo contrario).

La serie Grand Theft Auto siempre ha sido polémica, y también lo es en la representación del establishment norteamericano. El caso de la cuarta entrega es significativo, pues muestra un inmigrante de Europa del este que llega a una réplica de Nueva York para cumplir el sueño americano y tras comprobar la realidad de una ciudad decadente se ve abocado a una vida de violencia y extorsión. En Guerrilla War (1987) nos podíamos convertir en Castro y el Che, que juntos podrían destrozar al régimen de Batista a tiros. Metal Gear ha sido otra serie tachada de anticapitalista por ser antibelicista y no tratar al Che como un dictador (su protagonista, Big Boss, es muy parecido físicamente a él en las entregas desarrolladas en el trópico).

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