En el sector tecnológico, sobrevivir más de treinta años es una anomalía. Mientras gigantes que parecían intocables como Netscape desaparecieron del mapa y otros como Internet Explorer quedaron obsoletos, Opera ha logrado mantenerse a flote. Este navegador, nacido en Europa, no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que ha marcado el ritmo de la innovación.
Para el usuario medio, el navegador es simplemente la herramienta para entrar a Internet. Sin embargo, para los que siguen la industria de cerca, Opera siempre ha sido un laboratorio de ideas de la web. Muchas de las funciones que hoy usamos sin pensar en Chrome, Edge o Safari nacieron en sus oficinas. Desde la navegación por pestañas hasta la gestión avanzada de sesiones, en Opera llegaron primero.
Hoy, en pleno 2026, con el lanzamiento de Opera One R3 y su apuesta por la IA y la modularidad, la compañía demuestra que su capacidad para reinventarse sigue intacta. Esta es la historia de cómo un proyecto de investigación noruego se convirtió en un legendario navegador, pionero de la navegación por la red.
Los orígenes en Europa, de Telenor al mundo (1994-2000)
La historia arranca en 1994, una época en la que Internet era un territorio casi desconocido. En las oficinas de Telenor, la compañía estatal de telecomunicaciones de Noruega, dos ingenieros llamados Jon Stephenson von Tetzchner y Geir Ivarsøy iniciaron un proyecto de investigación conocido como MultiTorg. Buscaban crear un sistema de navegación y visualización de datos eficiente.
Una de las primeras versiones de MultiTorg Opera
El proyecto tenía demasiado potencial para quedarse encerrado en una corporación de telecomunicaciones. En 1995, ambos ingenieros vieron la oportunidad comercial, obtuvieron los derechos y fundaron Opera Software ASA. Su visión era clara, crear un navegador que funcionara en cualquier hardware, por modesto que fuera, y que respetara los estándares web. Curiosamente, esta es una filosofía que perdura hasta hoy, pues Opera funciona prácticamente en cualquier dispositivo.
La era del shareware y la supervivencia
Los primeros años estuvieron marcados por un modelo de negocio que hoy nos resultaría extraño. Mientras Microsoft regalaba Internet Explorer preinstalado en cada copia de Windows para ganar cuota de mercado, Opera intentó vender su producto. Que no te extrañe, porque era bastante habitual vender software en aquel entonces.
La versión 2.0, lanzada en 1996, y sus sucesoras hasta la versión 4.0 funcionaban bajo un modelo de trialware. El usuario podía probarlo gratis por un tiempo, pero después debía pagar. En el año 2000, con la versión 5.0, cambiaron a un modelo patrocinado por publicidad. Podías usarlo gratis, pero tenías que convivir con un banner de anuncios en la interfaz.
¿Por qué alguien pagaría o soportaría anuncios por un navegador cuando la competencia era gratuita? La respuesta es sencilla, a saber, velocidad y funcionalidad. En los tiempos de las conexiones lentas, Opera volaba. Su código era eficiente y cargaba las páginas mucho más rápido que la competencia.
Esta necesidad de convencer al usuario de pagar obligó a la compañía europea a ofrecer un producto excelente por necesidad. Finalmente, en 2005 y con la versión 8.5, eliminaron los anuncios y el navegador pasó a ser totalmente gratuito.
La edad de oro de la innovación (2000-2012)
Como decíamos en la introducción, si usas Chrome, Firefox o Edge, probablemente utilizas a diario funciones inventadas por Opera. Durante la primera década del siglo XXI, bajo su propio motor de renderizado llamado Presto, introdujeron características que cambiaron nuestra forma de interactuar con la red.
El Speed Dial fue un diseño para la nueva pestaña que muchos navegadores copiaron
Aquí tienes algunas de las más conocidas:
- Navegación por pestañas. Aunque hubo experimentos previos, Opera popularizó la interfaz que nos permite tener múltiples sitios abiertos en una sola ventana. Antes de esto, cada página web abría una nueva ventana del sistema operativo y saturaba la barra de tareas.
- Speed Dial. Esa cuadrícula de miniaturas de tus sitios favoritos que ves al abrir una nueva pestaña es un invento suyo. Antes, una pestaña nueva era simplemente una página en blanco.
- Bloqueo de ventanas emergentes. En una época donde la publicidad intrusiva campaba a sus anchas, fueron los primeros en integrar herramientas nativas para detener las ventanas emergentes o pop-ups. Los que llevamos más años usando Internet sabemos hasta qué punto esto era un salvavidas.
- Gestos de ratón. Entendieron la ergonomía antes que nadie y permitieron realizar acciones como atrás o cerrar pestaña con simples movimientos de muñeca, sin necesidad de buscar botones en la interfaz.
- Sesiones. La capacidad de cerrar el navegador y, al abrirlo de nuevo, recuperar todas las pestañas exactamente donde las dejaste fue una salvación ante los fallos del sistema.
El motor Presto y las guerras del navegador
Hasta 2013, el corazón de Opera fue Presto. Este motor de renderizado era muy querido por los usuarios avanzados debido a su estricto cumplimiento de los estándares web y su velocidad. Sin embargo, tener un motor propio también trajo problemas.
Presto daba poder de decisión a Opera, pero también quebraderos de cabeza importantes
Durante años libraron una batalla desigual contra Microsoft. Sitios web populares como MSN o Hotmail a menudo bloqueaban o enviaban versiones incorrectas a los usuarios de Opera, simplemente porque no eran Internet Explorer. Llegaron a presentar quejas ante la Comisión Europea, que eventualmente obligaron a Microsoft a incluir una pantalla de elección de navegador en Windows.
La gran transición y el cambio de motor (2013-2018)
El 13 de febrero de 2013 marcó un antes y un después. La compañía anunció que abandonaba su motor Presto para adoptar Webkit y posteriormente Blink, el motor de Chromium impulsado por Google.
Para los seguidores más fieles fue un momento difícil, ya que sentían que el navegador perdía parte de su identidad. Sin embargo, fue una decisión pragmática y necesaria. Mantener un motor propio requería recursos inmensos solo para asegurar que las webs se vieran bien. Al adoptar Chromium, delegaron la compatibilidad web en un estándar de código abierto y pudieron liberar a sus ingenieros para centrarse en lo que mejor sabían hacer, crear funciones únicas para la interfaz de usuario.
La decisión de Opera resultó ser profética. Años más tarde, incluso Microsoft se rindió y adoptó Chromium para su navegador Edge, confirmando que mantener un motor propietario es una tarea titánica.
Hoy en día, el panorama de los navegadores se ha simplificado drásticamente. Solo quedan tres grandes motores: Blink (Chromium), usado por Chrome, Opera, Edge, Vivaldi y Brave. Luego está Gecko, mantenido casi en solitario por Firefox. Y, finalmente, WebKit, propiedad de Apple para Safari.
Con este movimiento, que no gustó a los más puristas, Opera no solo aseguró su supervivencia, sino que garantizó que sus usuarios siempre vieran la web correctamente, tal como la diseñaron los desarrolladores, sin sacrificar su capacidad de innovar en la capa de personalización.
Cambio de propiedad y mantenimiento de la sede europea
Otro hito ocurrió en 2016, cuando Opera fue adquirida por un consorcio liderado por Kunlun Tech Co. A pesar de este cambio accionarial, la compañía ha mantenido su sede central en Oslo, Noruega.
Esto es relevante porque significa que opera bajo las estrictas leyes de privacidad y gobernanza corporativa europeas, además de cotizar en el NASDAQ. Por otro lado, la inyección de capital permitió a la empresa diversificarse hacia nuevos nichos.
La conquista de la movilidad (2005-actualidad)
Opera para móviles es un navegador estupendo repleto de funciones y personalización
Nos trasladamos a un periodo mucho más amplio que comienza en 2005 y se extiende hasta nuestros días. Mientras luchaba en el escritorio, Opera ya había ganado una batalla diferente en los móviles. Mucho antes de que el iPhone definiera el smartphone moderno, Opera ya estaba conectando el mundo.
El milagro de la compresión en la nube
La clave del éxito inicial fue Opera Mini. En una época de conexiones 2G y teléfonos con procesadores muy limitados, navegar por la web real era casi imposible. Opera ideó una solución ingeniosa, a saber, usar sus propios servidores como intermediarios. ¿Cómo funcionaba?
Cuando un usuario pedía una web, los servidores de Opera la descargaban, la comprimían hasta en un 90% y la enviaban al teléfono en un formato ligero llamado OBML. Esto permitió que millones de personas, especialmente en mercados emergentes, accedieran a Internet desde dispositivos básicos, ahorrando enormes cantidades de dinero en planes de datos.
La alianza con Nintendo y otros dispositivos
La eficiencia de su código llevó a Opera a lugares inesperados. En 2006, Nintendo eligió a Opera para dar vida al navegador de la Nintendo DS y, posteriormente, al Canal Internet de la Wii.
Esto demostró la versatilidad del navegador. Mientras otros luchaban por funcionar en un PC potente, Opera lograba ofrecer una experiencia web completa en consolas de videojuegos con hardware limitado, introduciendo conceptos como el zoom inteligente para adaptar webs de escritorio a pantallas de baja resolución.
Reinventando la interacción táctil
Con la llegada de los smartphones de pantalla grande, Opera volvió a innovar en la interfaz. En 2018 lanzaron Opera Touch (hoy integrado en su navegador principal), que introdujo el Botón de Acción Rápida (FAB).
Al darse cuenta de que los móviles eran cada vez más difíciles de usar con una sola mano, crearon un botón flotante que, al mantenerse pulsado, desplegaba un menú radial con todas las opciones esenciales al alcance del pulgar.
Este diseño fue tan revolucionario que ganó un premio Red Dot, demostrando que aún quedaba margen para mejorar la usabilidad móvil más allá de lo que dictaban Google o Apple.
La era de la especialización (2019-actualidad)
En la última década, la estrategia cambió. En lugar de competir únicamente por el usuario genérico, decidieron crear el mejor navegador posible para perfiles específicos.
Opera GX y el mundo gaming
Opera siempre ha apostado por la multiplataforma y su versión gaming también está disponible en móviles
Lanzado en 2019, Opera GX es quizás el mayor éxito reciente de la marca. Identificaron un problema real, a saber, que los navegadores convencionales consumían tanta memoria RAM y CPU que afectaban al rendimiento de los videojuegos.
Opera GX introdujo limitadores de recursos integrados, una estética gaming con luces personalizables y una integración nativa con plataformas como Twitch y Discord. No solo crearon un producto, sino que conectaron con una audiencia joven que jamás había oído hablar del Opera original.
Web3, Cripto y bienestar digital
La compañía no se detuvo ahí. Fue pionera en integrar una billetera de criptomonedas nativa y soporte para la Web3, lo que facilitaba el acceso a dominios descentralizados sin necesidad de extensiones complejas.
Más recientemente, en 2025, lanzaron Opera Air. Este navegador conceptual se enfoca en el bienestar digital y está diseñado para combatir el consumo desmesurado de contenidos, con herramientas de relajación y concentración integradas.
Claramente, como sucede con Opera GX, es un producto de nicho, pero con una especialización que otros competidores no son capaces de ofrecer.
El presente y futuro con Opera One R3: 2026 y más allá
En 2023 decidieron unificar su visión con Opera One, el primer navegador con arquitectura modular. Introdujeron las islas de pestañas, una forma de agrupar automáticamente las webs por contexto para evitar el caos visual. También integraron Aria, su propia IA nativa y gratuita.
Llegamos así a enero de 2026 con el lanzamiento de Opera One R3. Si la versión anterior sentó las bases, esta actualización convierte al navegador en un sistema operativo en sí mismo. Las novedades de esta versión son significativas y marcan el camino de la navegación moderna.
Pantalla dividida y multitarea real
La característica más destacada de R3 es la pantalla dividida nativa. Hasta ahora, comparar dos webs implicaba abrir dos ventanas y ajustarlas manualmente. Opera One R3 permite unir dos pestañas en una sola vista.
Puedes arrastrar una pestaña sobre otra para crear la división al instante. Es ideal para trabajar con un documento a un lado y la fuente de investigación al otro, todo dentro de la misma ventana.
Una interfaz única
Opera sigue añadiendo funciones innovadoras, como los temas dinámicos con sonidos y animaciones
Con R3, introducen los temas dinámicos. La interfaz reacciona con fondos animados sutiles que se adaptan al movimiento o al estado del navegador. Incluso incluye sonidos de interfaz desactivables para dar respuesta a las acciones del usuario. El objetivo es que el navegador se sienta menos como una herramienta fría de oficina y más como un entorno agradable.
IA generativa y visual
Aria, la IA del navegador, ha dado un salto cualitativo en esta versión R3. Ahora incorpora generación de imágenes directamente en la barra lateral. Ya no hace falta ir a webs externas para crear una imagen rápida. Mientras redactas un correo, puedes pedirle a Aria una ilustración en el panel lateral y arrastrarla a tu trabajo en segundos.
Además, la nueva función de comprensión de contexto permite a la IA analizar imágenes que encuentras en la web o entender mejor la intención de tus búsquedas. Se acerca a la visión de un agente autónomo que te ayuda a navegar, no solo a buscar información.
Opera acumula 30 años de innovación, y los que quedan
Mirar atrás en la historia de Opera es recorrer la evolución de la propia web. Desde los inicios en Europa hasta la era de la Inteligencia Artificial con Opera One R3, la compañía ha mantenido su filosofía intacta.
Puede que, si miramos solo las gráficas de cuota de mercado, Opera parezca un actor secundario frente a Chrome. Pero medir su éxito solo por números es un error. Su valor reside en su influencia y en la lealtad de sus usuarios. Han demostrado que no hace falta ser el más grande para marcar el camino y han obligado a gigantes tecnológicos a mejorar sus productos copiando sus ideas.
Opera sigue siendo el refugio para el usuario que quiere más, el que busca personalizar su experiencia, el que exige privacidad con una VPN integrada o el que necesita herramientas específicas para jugar. Con el lanzamiento de R3, la compañía deja claro que no tiene intención de frenar. En un escenario donde la innovación escasea, esta apuesta nos recuerda que es más necesaria que nunca.