Skyline de Tallin

¿Qué sabemos de Estonia? En la Europa del Sur la respuesta a esta pregunta se reduce a lo que nos enseñan en el colegio y a algún dato tonto que vamos pillando con los años. Dicho de otra manera: sabemos que la capital del país se llama Tallin, que es una antigua república soviética y que participan en el festival de Eurovisión. No se habla demasiado del país báltico en lugares como España. Ya puestos, no se habla de ninguno de los países bálticos —excepto quizá cuando la selección nacional se enfrenta contra ellos en los torneos europeos de baloncesto—. Un lugar como Estonia es una incógnita, y quizá su desarrollo como país tenga mucho que enseñarnos.

Ahora imaginemos la siguiente escena: gente escribiendo febrilmente en ordenadores portátiles, expertos en seguridad colaborando activamente en newsletters y diseñadores con pinta de hipsters poblando una sala. Esto podría ser tranquilamente un departamento cualquiera de una empresa o la escena de una conferencia de Silicon Valley. Sin embargo, no se trata de la soleada California: es la conferencia Latitude59 en Estonia.

Uno de los países más pequeños de Europa y del mundo, con tan sólo 1,3 millones de habitantes en todo su territorio, es uno de los territorios más tecnológicamente avanzados del planeta según se recoge en Mic News. Desde que se independizaron de Rusia en 1991 los estonios se han visto obligados a reinventarse, haciéndolo de diversas maneras. Una de ellas es enseñar programación en todas las escuelas. Otra es un país que rebosa de startups que han crecido al calor de la era de Internet.

Oficinas de una startupOficinas de una startup

Estonia no siempre fue así

Hoy en día Tallin es una ciudad cosmopolita, llena de establecimientos que ofrecen redes inalámbricas. Como cualquier capital europea. Esto no siempre fue así. Retrocedamos hasta 1930: Estonia tenía una renta per cápita muy similar a la de Finlandia, país con el que limita por el norte. Cuando la URSS se anexionó el territorio en 1940 la economía del país se fue al garete.

Avanzamos hasta 1991. En este año Estonia se independizó de la URSS. Cuando el país volvió a ganar entidad como una nación soberana e independiente, su renta per cápita había descendido a una novena parte de la que por entonces tenía Finlandia. Sin embargo, en lugar de hundirse en esta desastrosa situación, el país ganó un fuerte sentimiento de competitividad que les llevó a querer recuperar los días de gloria pre Unión Soviética.

El país en sí mismo era una startup. Su mayor activo llegó en 1994 con una “tarifa plana” en materia de impuestos, además de una reforma fiscal profunda. Hay que tener en cuenta, por otra parte, que Estonia empezó a resurgir en la era de Internet, con lo que no tuvieron que apoyarse en tecnología antigua y obsoleta para volver a recuperar su esplendor. Desde el primer momento pudieron contar con lo último en tecnología.

Antiguo mapa de la Unión SoviéticaAntiguo mapa de la Unión Soviética / Urbán Tamás editada con licencia CC BY-SA 3.0

Skype: el gran punto de inflexión

Skype es el primer gran éxito surgido de Estonia. Dos programadores nativos del país báltico escribieron el código que mueve al programa de comunicación en 2003. Estas dos personas también fueron responsables de KaZaa, un conocido programa de compartición de archivos vía P2P. La empresa se vendió a eBay en 2005 por 2.600 millones de dólares y actualmente es propiedad de Microsoft.

Los fundadores de Skype se convirtieron en estrellas mediáticas, lo que provocó que una nueva generación de jóvenes estonios se agrupasen para conseguir un pedazo del pastel de la industria tecnológica. Hoy en día las tecnológicas son el 15% del PIB estonio, con 350 startups en su parque empresarial. Algunas de ellas son Playtech, Fitsme y TransferWise.

El éxito de Skype ayudó a atraer inversión desde Silicon Valley. El año pasado las startups estonias consiguieron 100 millones de dólares en capital extranjero.

Videollamada en SkypeVideollamada en Skype

Cómo es Estonia en la actualidad

El actual presidente del país, Toomas Hendrik Ilves, nació en 1953 de padres estonios y creció en Nueva Jersey, donde creció su interés por la tecnología. A los 13 años aprendió a programar y trabajó como desarrollador en la universidad. Ahora mismo está llegando al final de su segundo y último mandato, pero lleva desde 1998 transformando a su país tecnológicamente. En este año hizo lo imposible para equipar todas las escuelas del país con ordenadores con acceso a Internet.

Los esfuerzos del país no se quedaron ahí. En el año 2000 el gobierno declaró el acceso a Internet un derecho humano básico. También creó una nueva ley de firmas digitales, que vinculaba las firmas físicas a ellas y las consideraba de la misma validez legal.

En 2002 Estonia hizo obligatorias las tarjetas de identificación digitales, lo que permitía a los ciudadanos firmar documentos con una firma electrónica y acceder a servicios gubernamentales online. Esto derivó en la instauración en 2005 del voto electrónico, convirtiéndose en el primer país en hacerlo.

Hoy en día el país sigue centrado en crecer tanto como pueda. El gobierno desplegó hace poco un programa de residencia electrónica, que ha atraído atención a nivel mundial y que llevó al primer ministro estonio a un conocido espacio de la televisión estadounidense. Este programa de residencia permite a cualquiera convertirse en ciudadano electrónico de Estonia, lo que significa que podrán abrir negocios en el país desde cualquier parte del mundo. Según se recoge, por ahora hay mil empresas registradas y 10.000 residentes electrónicos que se apuntaron el año pasado.

Esta residencia electrónica no otorga derechos de ciudadanía a quienes la solicitan, sino que se trata de un privilegio. Por tanto no se podrá entrar en el país sin un visado o intervenir en el proceso de elecciones del país báltico. Es más, el gobierno del país se reserva el derecho de admisión como ciudadano electrónico de Estonia.

Los ciudadanos que soliciten la residencia electrónica reciben una tarjeta de identificación digital emitida por las autoridades estonias. La solicitud se realiza online, pero hay que visitar Estonia o una embajada para que el documento pueda ser recogido y se pueda identificar al solicitante. Al tratarse de un documento que no sirve para viajar, no cuenta con la fotografía del propietario en ella.

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